sábado, 12 de diciembre de 2020

"EL BREXIT"... UN GRAVE PROBLEMA PARA TELEFÓNICA

 

Bischoff fue uno de los anatomistas de mayor prestigio en Europa en los 1870's. Una de sus ocupaciones era el pesar cerebros humanos, y tras años de acumular datos observo que el peso medio del cerebro de un hombre era 1350 gramos, mientras que el promedio para las mujeres era de 1250 gramos. Durante toda su vida utilizo este hecho para defender ardientemente una supuesta superioridad mental de los hombres sobre las mujeres. Siendo un científico bastante machista en sus afirmaciones con respecto al tamaño del cerebro, a su muerte dono su propio cerebro para su colección. El correspondiente análisis indicó que pesaba 1245 gramos.

Si hubiese que remontarse a los orígenes de la participación de los británicos en la Unión Europea, habría que remontarse al célebre discurso pronunciado por Winston Churchill en la Universidad de Zúrich en el año 1.946. En el mismo dijo lo siguiente: “Deseo hablarles hoy sobre la tragedia de Europa. Este noble continente, que abarca las regiones más privilegiadas y cultivadas de la tierra, que disfruta de un clima templado y uniforme, es la cuna de todas las razas originarias del mundo. Es la cuna de la fe y la ética cristianas. Es el origen de casi todas las culturas, artes, filosofía y ciencias, tanto de los tiempos modernos como de los antiguos. Si Europa se uniera, compartiendo su herencia común, la felicidad, prosperidad y la gloria que disfruta rían sus tres o cuatrocientos millones de habitantes no tendría límites. Y sin embargo, es desde Europa de donde han surgido y se han desarrollado esta serie de horribles guerras nacionales, originadas por las naciones teutonas, que hemos conocido durante este siglo XX, e incluso durante nuestra existencia, que ha arruinado la paz y destruido las perspectivas de toda la humanidad. A pesar de todo, aún hay un remedio que si se adoptara de una manera general y espontánea, podría cambiar todo el panorama como por ensalmo, y en pocos años podría convertir a Europa, o a la mayor parte de ella, en algo tan libre y feliz como es Suiza hoy en día. ¿Cuál es ese eficaz remedio? Es volver a crear la familia europea, o al menos todo lo que se pueda de ella, y dotarla de una estructura bajo la cual pueda vivir en paz, seguridad y libertad. Tenemos que construir una especie de Estados Unidos de Europa, y sólo de esta manera cientos de millones de trabajadores serán capaces de recuperar las sencillas alegrías y esperanzas que hacen que la vida merezca la pena. El proceso es sencillo. Todo lo que se necesita es el propósito de cientos de millones de hombres y mujeres, de hacer el bien en lugar de hacer el mal y obtener como recompensa bendiciones en lugar de maldiciones” https://bit.ly/3qIMnH0 Posteriormente, el Reino Unido no entraría en la Comunidad Económica Europea (CEE) hasta el año 1973, después de conseguir imponerse a dos vetos que el general De Gaulle impuso a su incorporación, 16 años después de que fuera creada con la firma del Tratado de Roma en el año 1957. El primer veto del general De Gaulle fue en el año 1.963, y para algunos observadores fue profético. Ya en su momento, el general francés aprovechó la situación de dicha incorporación a Europa para recordarle al primer ministro británico Macmillan, que el Reino Unido tendría que abandonar su "relación especial" con Estados Unidos si quería unirse al club europeo. La intransigente postura del general provocó que Macmillan se echara a llorar. "Este pobre hombre, a quien no tenía nada que dar, parecía tan triste, tan golpeado", dijo luego De Gaulle a su Gabinete. "Quería poner mi mano sobre su hombro y decirle, como en la canción de Edith Piaf, ' ne pleurez pas, milord ' (no llore, mi señor)". De Gaulle mantuvo a Macmillan a la expectativa por un tiempo. Antes de finalmente anunciar en una conferencia de prensa, en enero de 1963, su oposición a la entrada británica en la CEE. Argumentó que el Reino Unido querría "imponer sus propias condiciones" a los seis países que ya conformaban el bloque. El carácter "insular" de esta nación, ubicado al otro lado del canal de la Mancha, postuló De Gaulle, había creado una "estructura" político-económica que difería "profundamente" de "la de los europeos continentales". El segundo veto se produciría el 27 de noviembre de 1967, entonces el primer ministro laborista Harold Wilson solicitó de nuevo la entrada del país pero otro veto de De Gaulle impidió su acceso.

Con la incorporación del Reino Unido a la CEE en el año 1973, se colmaba una serie de aspiraciones de pertenecer a un bloque comercial en el cual siempre estuvo incómodo. Fue célebre la frase que le dijo Winston Churchill a De Gaulle en 1944 según relató el historiador Julian T. Jackson en uno de sus libros, "Debes saber que si tenemos que elegir entre Europa y los mares abiertos, siempre elegiremos los mares abiertos". Esta frase tuvo su culmen el 23 de junio del año 2016 cuando el pueblo británico participó en un referéndum sobre la permanencia de Reino Unido en la Unión Europea (UE) y una mayoría del 51,9% votó por abandonar el bloque europeo. Pero si tuviésemos que hacer un poco de historia de como se llegó a dicha situación habría que recordar quizás una serie de hechos que facilitaron y propiciaron en una parte muy sustancial dicha situación;

-La primera fecha se produjo el 5 de junio del año 1975, cuando el pueblo británico refrendo con un 67 % de los votos su entrada en la CEE.

- Julio de 1978.- Se acuerda crear un Sistema Monetario Europeo (SME), que entra en vigor en marzo de 1979 y del que el país insular rechaza formar parte.

- Agosto de 1984.- La primera ministra "tory" Margaret Thatcher logra el llamado "cheque británico", un acuerdo por el que el organismo europeo devuelve al país anualmente una parte de sus aportaciones. Thatcher alega la diferencia que hay entre lo que contribuye el país a los fondos de la CEE y lo que recibe a cambio.

- 7 de febrero de 1992.- Los doce países miembros firman el Tratado de Maastricht, que incluye la Unión Económica y Monetaria, y el Reino Unido se beneficia de una cláusula de exención que le permite quedarse fuera del euro. Este quizás fue el germen de ruptura que propició que los británicos quisiesen salir del club europeo. El mismo constituye una piedra angular en el proceso de integración europeo, pues, al modificar y completar al Tratado de Paris de 1951 que creó la CECA, a los Tratados de Roma de 1957 que instituyeron la CEE y el EURATOM, y al Acta Única Europea de 1986, por primera vez se sobrepasaba el objetivo económico inicial de la Comunidad (construir un mercado común) y se le daba una vocación de unidad política, cuestión esta última por la que Reino Unido no estaba mucho por la labor.

- 26 de marzo de 1995.- Entra en vigor el tratado de Schengen, que suprime las fronteras terrestres entre los países miembros, a excepción del Reino Unido e Irlanda que rechazan adscribirse.

- 1 de noviembre de 1993.- Nace oficialmente la Unión Europea (UE) al entrar en vigor el Tratado de Maastricht.

- 1 de enero de 2002.- El euro entra en circulación en 12 de los 15 países miembros, ya que el Reino Unido, Suecia y Dinamarca rechazan usar la moneda común.

- 29 de octubre de 2004.- Los Veinticinco firman en Roma el tratado que establece una Constitución para Europa.

- 29 de mayo de 2005.- El 54,67 % de los franceses rechaza la Constitución en referéndum, y el primero de junio de ese año el 61,5 % de los holandeses se pronuncia en el mismo sentido. Tras estos resultados, el Reino Unido cancela su referéndum.

- 1 de diciembre de 2009.- Entra en vigor el Tratado de Lisboa, por el que la UE tiene personalidad jurídica propia para firmar acuerdos internacionales a nivel comunitario.

- Diciembre de 2011.- El Reino Unido es el único país miembro que se opone al pacto europeo para reforzar la disciplina fiscal y atajar la crisis económica.

- 2 de marzo de 2012.- Todos los países de la UE, menos el Reino Unido y la República Checa, firman el "Tratado para la Estabilidad, la Coordinación y la Gobernanza en la Unión Económica y Monetaria", con lo que sellan su compromiso con la disciplina presupuestaria.

- 23 de enero de 2013.- El primer ministro británico, David Cameron, anuncia que convocará un plebiscito sobre la permanencia del país en la UE si resulta reelegido en las elecciones generales de 2015.

- 26 de mayo de 2014.- El eurófobo Partido para la Independencia de Reino Unido (UKIP) gana los comicios europeos con el 26,77 % de los votos.

- 7 de mayo de 2015.- El partido conservador de David Cameron gana las elecciones generales por mayoría absoluta al hacerse con 330 de los 650 escaños de la Cámara de los Comunes del Parlamento de Westminster.

- 20 febrero 2016.- El Reino Unido acuerda una serie de reformas con la UE que entrarán en vigor si el país continúa dentro del organismo continental. Tras el acuerdo, Cameron convoca para el 23 de junio el referéndum para decidir si el Reino Unido debe permanecer o salir de la UE. 

Llegados a esa situación, cabe decir que el camino recorrido hasta el "Brexit" no es fruto de la casualidad, sino de causas que fueron abordadas por políticos que ligaron sus intereses  a decisiones personales que para nada beneficiaron a dicho país. El ejemplo del referéndum de Cameron así lo atestigua. Su victoria en el referéndum para decidir si Escocia se independizaba en al año 2014, celebrado antes del referido "Brexit", envalentonó a dicho político y le llevo a calcular mal el laberinto en el que metía a dicho país. La no integración de Gran Bretaña en el marco europeo hay que buscarla quizás en el sentimiento que dicho país atesoraba al ser vencedor contra el nazismo en Europa durante la II Guerra Mundial, por todo ello su adhesión siempre estuvo limitada en dicho club. Querían estar, pero a la vez querían permanecer con ciertas barreras que no limitasen su maniobrabilidad para seguir siendo un gran imperio (Commonwealth). Esta situación generó un sentimiento limitado de compromiso con el proyecto europeo, sin embargo, fueron conscientes del nacimiento de una nueva superpotencia como es Estados Unidos. Dicho hecho tuvo su plasmación en la celebración de la cumbre de Bretton Woods en el año 1944, donde se decide que la moneda de referencia mundial sea el dólar y no la libra como hasta ese momento era, a la vez que el centro mundial se traslada hacia Washington y no hacia Londres como venía siendo norma. La llegada de la “globalización” aceleró ese sentimiento de inseguridad en el papel que jugó dicho país en el mundo y la historia reciente, propiciando en algunos políticos arraigase una idea errónea, la cual consiste en pensar que salirse del bloque europeo les ayudará a ser la gran potencia que un día fueron, nada más lejos de la realidad. La presencia de Gran Bretaña en el club europeo fue importante por varios motivos, el primero que hay que resaltar es la estrecha relación que mantiene con el aliado atlántico (Estados Unidos), por otro lado su presencia siempre fue un contrapeso a Francia, ya que sirvió para entre otras cuestiones, equilibrar la fricción que pudiera surgir entre franceses y alemanes. Esto propiciaba que dicho país muchas veces hiciese de aliado de los alemanes en cuestiones importantes, hay una frase que define muy bien dicha situación, fue pronunciada por Dwight David «Ike» Eisenhower, “Prefiero tenerlo dentro de la tienda mirando fuera que fuera de la tienda mirando dentro”. Esa situación fue la que propicio que con los ingleses siempre se hiciese de la excepcionalidad una cosa normal. Al final todas estas excepciones no sirvieron para nada, algunas de ellas como el acuerdo de inmigración, fue una rotura del mercado único europeo. Hay que recordar que fue el primer ministro Blair el que recabo la integración de los países del Este. Londres se desmarcó de los avances del Tratado de Maastricht en política social y volvería a hacerlo con la Carta europea de derechos fundamentales aprobada tras la ampliación de la UE e incorporada al Tratado de Lisboa. El mensaje de Londres era claro: mercados más grandes y más abiertos, en materia de protección social cada Estado debe mantener su propio modelo. Esa filosofía convirtió al Reino Unido en uno de los grandes impulsores de la ampliación de la Unión Europea, que entre 2004 y 2007 pasó de 15 socios a 27. El big bang, defendido también con uñas y dientes por Berlín, fue acogido con entusiasmo en Londres. “Para algunos es un mérito y para otros, un demérito”, según apuntaron en su momento alguna cancillería, en alusión a los defensores y detractores de una expansión que aumentó exponencialmente las diferencias económicas entre los socios de la Unión y, a largo plazo, el diferente apego a los valores del club.

La salida de Reino Unido de la Unión Europea ocasionará una pérdida de un 16% del PIB del club y un 13% de la población a lo que hay que sumar su contribución a las arcas comunitarias (dejará un agujero de unos 10.000 millones de euros al año) y el peso en la escena mundial (el Reino Unido es junto a Francia la única potencia europea con armamento nuclear y asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU). https://bit.ly/2W7xjVp El “Brexit” mal que nos pese no tiene que ver solo con una política arancelaria, aranceles que se ponen o se quitan, sino que está más arraigado a lo que es la política de integración productiva que tiene la economía de un país. Europa hasta el “Brexit” se comportaba con Gran Bretaña como si fuera una parte de su territorio, a partir de dicha salida las relaciones económicas sufrirán ya que dicho país se verá relegado por las fricciones económicas que se produzcan entre los ingleses y la Unión Europea. La consecuencia de esta situación propiciará que Gran Bretaña deje de ser un referente económico y en materia comercial, ya que para que ese hecho se produzca lo primero que tienes que ser es grande como país y dicho país no lo es. En el mundo hay dos tipos de países, “los que son pequeños y los que no saben que son pequeños”, Gran Bretaña está en los segundos. La “globalización” ha sacado a flote el resurgimiento de bloques, así aparecen los bloques entorno a Estados Unidos, Federación de Rusia, China o Unión Europea. Esta situación generará que Gran Bretaña pase de ser aliado a enemigo con la Unión Europea en cuanto a los intereses económicos que representan. Para tratar de sortear dicha situación se han pertrechado en lo que se conoce como la doctrina “Global Britain”. Esta se sintetiza en la siguiente frase pronunciada por el Ministro de Exteriores Dominic Raab, "Cuando salgamos de la Unión Europea, habrá enormes oportunidades en todo el mundo. Y Reino Unido será una fuerza para el bien". Con ello se resumía parte de la imagen que los gobiernos conservadores liderados por Theresa May y Boris Johnson han promovido para enfrentar la era post-Brexit. Creado como un eslogan para contrarrestar la idea de que la salida del bloque significa aislamiento, la narrativa de una "Global Britain" apunta a impulsar al país como líder mundial, idea que los más críticos consideran como una "nostalgia colonialista".Boris Johnson lo explicó en su primer discurso como jefe del gobierno como la idea de recuperar el "papel natural e histórico" de su país como "emprendedor, que mira hacia el exterior y que es verdaderamente global, generoso y comprometido con el mundo".

El fin del periodo transitorio que se producirá el 31 de diciembre traerá parejo para las compañías toda una serie de dificultades. El fin del periodo transitorio implica, (en principio, el 31 de diciembre de 2020, aunque ambas partes pueden decidir –antes del 1 de julio de 2020- extenderlo por uno o dos años más). Durante el periodo transitorio, el Reino Unido será ya un país tercero, pero el Derecho de la UE le seguirá siendo de aplicación. Se mantienen, por tanto, los derechos de los ciudadanos y trabajadores de la UE residentes en el Reino Unido (3 millones de personas) y viceversa (1 millón de británicos viven en los Estados miembros), salvo restricciones en el derecho de sufragio activo y pasivo. También las empresas españolas que posean intereses en el Reino Unido (o viceversa) seguirán estando sometidas a las mismas reglas que ahora (mercado único, unión aduanera, aplicación de directivas y reglamentos, etc.), al menos hasta que termine el periodo transitorio. En particular, en el período transitorio el tratamiento a efectos de fiscalidad indirecta de las operaciones con el Reino Unido será similar al existente actualmente, lo que conlleva que:

  • En el tráfico de bienes, las operaciones seguirán considerándose como operaciones intracomunitarias sin controles en frontera. 
  • En el tráfico de servicios, la tributación en el IVA será la misma que ahora.

En materia de fiscalidad directa (IRPF, Impuesto sobre Sociedades e Impuesto sobre la Renta de No Residentes), la existencia del periodo transitorio significa que los efectos de la consideración del Reino Unido como país tercero (a los efectos, por ejemplo, de la aplicación de las exenciones, deducciones y reglas especiales asociadas a la residencia en la UE o a la aplicación de directivas europeas) se difieren a 1 de enero de 2021, momento a partir del cual dichas reglas específicas respecto de inversiones realizadas en (o procedentes de la UE) dejarán de ser aplicables al Reino Unido. En materia tributaria (fiscalidad directa), tanto el Reino Unido como España seguirán vinculados por el tratado bilateral para evitar la doble imposición, así como por los acuerdos internacionales alcanzados en el seno de la OCDE para fomentar la transparencia y evitar la competencia fiscal entre Estados. En cuanto a la tributación indirecta, el tráfico de bienes dejará de tener la consideración de movimientos intracomunitarios pasando a configurarse como un tráfico de exportación e importación, como sucede con cualquier otro país que no pertenezca a la Unión Europea. Este tratamiento conllevará la presentación de declaraciones aduaneras y el sometimiento de las transacciones a controles aduaneros, así como, mientras no se alcancen acuerdos al respecto, el pago de aranceles y otros gravámenes y la obtención de licencias y certificaciones para importar o exportar. En relación con los servicios, la tributación será similar, aunque será necesario prestar especial atención a posibles implicaciones en cuanto a su lugar de realización, en función de su utilización o consumo. Un ejemplo de las dificultades lo estamos observando estos días en alguna gran compañíam, como es IAG. Cabe recordar que la Comisión Europea exige que, para mantener las licencias de vuelo tras la salida de Reino Unido de la UE, al menos el 50,1% del capital de la compañía esté en manos de personas o empresas con nacionalidad comunitaria. IAG no cumpliría, de acuerdo con los últimos datos públicos, este requisito indispensable para poder seguir operando, por lo que no tendrá más remedio que hacer cambios en su accionariado o perderá las licencias de vuelo y verá reducida su actividad a aquellos trayectos que tengan origen o destino en Reino Unido. La comisaria de Transportes de la UE, Adina Valean, se mostraba firme a la hora de señalar que exigirá un cumplimiento pormenorizado de los requisitos hace apenas unas semanas. "Un cumplimiento, no solo nominal, también efectivo", afirmaba en una entrevista con el diario Financial Times. Esta afirmación toma ahora más importancia si cabe con la fecha efectiva de ruptura cada vez más cerca, el próximo 31 de diciembre. Debido a lo ajustado de estos plazos, las negociaciones podrían alargarse con el acuerdo de ambas partes hasta dos años más, según la normativa comunitaria. La competencia de IAG también ha querido tomar parte en este caso y presiona para que la UE, más allá de la confianza de los diferentes Gobiernos de los Estados de origen de cada una de las aerolíneas que conforman el conglomerado aéreo. En este sentido, Air France-KLM y Lufthansa habrían tomado parte activa en el conflicto. Por su parte, Ryanair también ha querido decir algo al respecto. Su CEO, Michael O’Leary, señalaba hace unos días que "no veo cómo IAG podría sobrevivir como propietario de British Aiways tras el Brexit". Cabe recordar que tras la salida efectiva de Reino Unido de la UE, IAG tendrá tres grandes aerolíneas de origen UE, Iberia, Vueling y Aer Lingus, y una de origen británico, British Airways. La competencia toma este hecho como una opción para romper el grupo. En el aire está todavía la operación de compra de Air Europa por parte de Iberia que, de llevarse finalmente a cabo, le permitiría consolidar su dominio incontestable en las rutas aéreas entre Europa y Latinoamérica. Eso es precisamente lo que tratan de evitar sus competidores directos. El 31 de diciembre, momento en que se llevará a cabo la separación definitiva, está cada vez más cerca y, pese a que aún no hay un acuerdo entre ambos gobiernos, en la aerolínea confían en que este acuerdo llegue más pronto que tarde. La propia IAG, la AESA, el Ministerio de Transportes y la Comisión Europea vigilan de cerca lo que pueda pasar en las próximas semanas para el desenlace de dicha situación https://bit.ly/3qT4hHo  

                                                         Fuente: Telefónica

En cualquier caso son unas cuantas compañías las que se verán impactadas por el “Brexit”. Un ejemplo de ello será Telefónica, la depreciación de la libra y la incertidumbre sobre la economía británica reducen la valoración de la filial del grupo español, desaconsejando su salida a Bolsa por ahora. El Brexit afecta por dos vías principalmente al negocio británico de Telefónica, que supuso el 14,68% de los ingresos en el año 2019. Este año además sufre una caída en los ingresos en los nueve primeros meses del año del 4,20%. Esta caída unida a la depreciación de la libra desde el referéndum deprime el importe de los beneficios y dividendos que esta filial aporta al grupo. Los analistas estiman que el resultado operativo de O2 bajó de casi 2.000 millones de euros en 2015 a unos 1.700 millones de euros en el año 2016 https://bit.ly/3a5JDOi En segundo lugar otra cuestión que afectará a dicha compañía será un menor ritmo de crecimiento previo tras su salida de Europa, el Reino Unido prevé hasta cinco años de estancamiento en el PIB si se junta un Brexit sin acuerdo y una tercera ola de covid-19. Los datos de la Oficina para la Responsabilidad Presupuestaria (OBR, en inglés) apuntan a una contracción de la economía británica del 11,8% para este año y, lo que es peor, a una caída permanente del PIB potencial -el máximo crecimiento al que puede aspirar el país- por culpa de ambos factores, Brexit y covid-19. En los próximos meses, el desempleo podría alcanzar el 8% si no hay un acuerdo comercial con la UE. En el peor de los casos, el paro ascendería al 12%. Las cifras volverían a niveles de 2019 a finales de 2024 como pronto, y más allá de 2026 en el peor de los escenarios. Pero cuando el empleo se recupere, la productividad empezaría a hundirse en su lugar. La ruptura de cadenas comerciales y el aumento de costes provocado por los aranceles y las cuotas provocarían un descenso sostenido de la productividad, que para 2025 costaría 0,75 puntos del PIB, y para 2026 rondaría ya el 1%. Eso, incluso después de resolver el caos aduanero y "otros efectos inmediatos" derivados del Brexit, que llevarían la caída del potencial británico a dos puntos del PIB durante el próximo año. En el escenario central, el déficit llegaría al 19% entre 2020 y 2021 y la deuda alcanzaría el 104,7% del PIB en 2025. En el mejor de los casos, se podría controlar la deuda en el 90%, pero en el peor, llegaría al 123% para 2025. https://bit.ly/37UhMxH

Ante dichos datos económicos, la satisfacción y grandilocuencia manifestada por el presidente de Telefónica, la cual se reflejó en la prensa, parece que no es muy alentadora. Hay que recordar algo de lo que se publicó, para entender lo que se afirmaba ante la fusión de Telefónica-Liberty. El 7 de mayo del 2020, un diario digital recogía el siguiente titular, Pallete, ante la operación de Telefónica en Reino Unido: “Es combinar dos negocios muy buenos en uno todavía mejor” https://bit.ly/37dBPrU Dentro de la noticia se afirmaban frases como las siguientes, “la operación más grande de la historia de Telefónica”, “oportunidad tan grande que permitirá transformar Telefónica. Es uno de los cuatro grandes mercados por los que habíamos apostado”. De dicha operación cabe resaltar el siguiente hecho, Telefónica pasará de ser dueño y señor de una compañía al 100% como era de O2 al 50% de una compañía nueva que nacerá de dicha fusión. Por todo ello recibirá una compensación económica de 6.000 millones de libras, unos 6.300 millones de euros. El matiz es importante, ya que la nueva compañía se codirigirá por dos grandes accionistas previo pago de un importe económico que servirá para reducir la fabulosa deuda que arrastra la operadora, 36.676 millones de euros.

Para terminar el post, se puede decir que el futuro se presenta poco o nada halagüeño para todas aquellas compañías que tienen su actividad en el Reino Unido. Más allá de esta situación, pronosticar que sucederá es aventurarse en un escenario cuando menos incierto por no decir muy negro. Con el “Brexit” pasa lo mismo que cuando Bischoff pronosticó la superioridad intelectual del hombre sobre la mujer basado en el mayor peso del cerebro. Sus presunciones fueron tan erróneas como las de los directivos que pronosticaron un mana de riqueza en el mercado británico con la entrada en el mismo… Mientras tanto, no queda otra que esperar pese a que algún directivo ha preferido ser “cola de león a cabeza de ratón”.

Ya lo dijo Emmanuel Macron: "En caso de voto negativo (en el Parlamento) británico, iríamos hacia una salida sin acuerdo, lo sabemos todos y es absolutamente esencial ser claros en estos días y en estos momentos".

 


 

No hay comentarios:

Publicar un comentario