En Defensa del Software Libre

El comunismo de pares contra el estado capitalista cliente-servidor

Dmytri Kleiner

Publicado el 23/11/2011. Última modificación 27/01/2019

Este artículo forma parte del Manifiesto Telecomunista.

La sociedad se compone de relaciones sociales. Estas forman las estructuras que la constituyen. Las redes de computadoras, como los sistemas económicos, pueden entonces describirse en términos de relaciones sociales. Los militantes comunistas han descrito comunidades entre iguales; las redes de pares implementan estas relaciones en su arquitectura. Del mismo modo, el capitalismo depende del privilegio y el control, características que en las redes informáticas sólo pueden ser diseñadas centralizadamente como aplicaciones cliente-servidor. Los sistemas económicos dan forma a las redes que crean, y a la vez que las redes se integran cada vez más a la vida diaria, comienzan a formarla también. Resulta esencial producir una comprensión crítica de la economía política para poder comprender las tendencias emergentes en topologías de red y sus implicaciones sociales.

La historia de Internet ilustra cómo se ha dado este proceso. La Internet comenzó como una red que encarnaba las relaciones de un comunismo de pares; sin embargo, ha sido reconfigurada por el capitalismo en una topología cliente-servidor ineficiente y no libre. La existencia de redes de pares que permiten a los productores colaborar a escala global marcó el comienzo de nuevas formas de producción. Tal producción de pares ha estado hasta ahora contenida en creaciones intangibles e inmateriales, aunque tiene el potencial para extenderse a la producción material y convertirse en una amenaza para la existencia del capitalismo. Para que esto suceda, una alternativa al capitalismo de riesgo debe proveer los medios para adquirir y colocar eficientemente la riqueza colectiva requerida para construir redes libres y sociedades libres.

Necesitamos un comunismo de riesgo, una forma de lucha contra la continua expansión del capitalismo basado en la propiedad, un modelo para la autoorganización de los trabajadores inspirado por la topología de red de pares y los comunes pastoriles históricos.

Las condiciones de la clase trabajadora en la Internet

La única manera de cambiar la sociedad es producir y compartir de forma diferente.

El capitalismo tiene sus formas propias de reproducción: el capitalismo de riesgo. A través del acceso a la riqueza que resulta de la captura continua de plusvalía, los capitalistas ofrecen a las nuevas generaciones de innovadores la chance de convertirse en partners junior de su club, haciéndoles vender el futuro valor productivo de lo que crearon a cambio de la riqueza presente que necesitan para empezar. El valor robado, muerto, del pasado captura el valor no-nato del futuro. Ni los innovadores, ni ninguno de los trabajadores futuros en las organizaciones e industrias que crean, son capaces de retener el valor de su contribución.

Este valor “no retenido” forma la riqueza que se utiliza para capturar la siguiente ola de innovación. Esta riqueza capturada es aplicada por sus dueños privados al control político, para imponer los intereses de los dueños de la propiedad a la sociedad a expensas de los intereses de los trabajadores. Para que la innovación nazca y se desarrolle y para el bien común, necesitamos un comunismo de riesgo. Debemos desarrollar formas de crear y reproducir relaciones de producción basadas en los comunes.

La forma en que el producto del trabajo sea apropiado, por productores basados en los comunes o por apropiadores capitalistas, determinará el tipo de sociedad que tendremos, una basada en la cooperación y el compartir, o una basada en la fuerza y la explotación. La lucha del comunismo de riesgo contra la estratificación de clase no podría ser más vital. Nuestra sociedad no sólo se enfrenta las viejas aflicciones de la pobreza y la injusticia, también se vuelve claro que los niveles de producción requeridos para sostener la acumulación de una pequeña élite nos llevan constantemente a la guerra, e inevitablemente hacia la catástrofe ambiental. Fracasar en lograr una sociedad más igualitaria tiene consecuencias más graves de las que nos podemos permitir. Para triunfar, los espacios, instrumentos y recursos necesarios deben estar disponibilizados como un capital común y ser empleados en la producción por una comunidad dispersa de pares, produciendo y compartiendo como iguales.

La política no es una batalla de ideas; es una batalla de capacidades. Las ideas son poderosas, y su desarrollo e implementación ciertamente puede tener un impacto político; sin embargo, el desarrollo e implementación de las ideas no está determinado por su valor intrínseco, sino por el poder relativo de aquellos que se benefician de la idea contra aquellos a los que amenaza. La capacidad de cambiar un orden social requiere los medios de superar a las capacidades competidoras por, entre otras cosas, la comunicación y el lobby. Estas capacidades son, en su base, capacidades económicas. El cambio requiere entonces la aplicación de riqueza suficiente para superar la de aquellos que resisten ese cambio. Tal riqueza sólo surge de la producción.

Las nuevas formas de producir y compartir, entonces, son la precondición de cualquier cambio en el orden social. Estos nuevos métodos de producir y compartir requieren la creación de nuevas formas de relaciones, nuevas relaciones de producción, para constituir una nueva estructura económica capaz de hacer surgir un nuevo tipo de sociedad. Ningún orden social, sin importar cuan fuerte y despiadadamente impuesto, puede resistir su transformación cuando emergen nuevas formas de producir y compartir.

Resumiendo, la sociedad se compone de vínculos sociales que incluyen relaciones de producción. Las mismas constituyen la organización económica de la sociedad, haciendo surgir estructuras legales y políticas que luego la definen. La vinculación entre compradores y vendedores, inquilinos y dueños, empleado y empleador, aquellos que nacen en la riqueza y el privilegio y aquellos que nacen en la precariedad y la lucha, todos son producto de estas relaciones de producción, que determinan cómo se producen y se comparten las cosas en la sociedad. Aquellos que son capaces de controlar la circulación del producto del trabajo de otros pueden imponer leyes e instituciones sociales que protegen sus intereses. Aquellos que no son capaces de retener el control del producto de su trabajo no son capaces de resistirlas.

El capitalismo depende de la apropiación de valor para subsistir y crecer. La falsa retórica de la “economía de libre mercado” es una pantalla de humo para justificar un sistema de privilegio y explotación, la tal vez mejor llamada “economía de casino”. Ciertamente existen algunos conspicuos ganadores, pero las chances siempre están a favor de la casa. Cualquier intento organizado de vencer las chances será excluido, tal vez violentamente. En una economía libre genuina, la competencia entre productores reduciría el precio de todo al nivel más bajo. Si la mercancía se comercializa en un “mercado” verdaderamente perfecto, entonces la tierra y el capital, como el trabajo, jamás serían capaces de ganar más que el costo de producción. No habría clase alguna exenta de trabajar, porque no habría ingreso capaz de sostenerla.

Para que exista una clase capitalista, el mercado debe ser manipulado, y en efecto, todos los mercados lo son. El capitalismo debe incrementar el precio del capital reteniéndolo del trabajo. En realidad, el “libre mercado” es una imposición de los dueños de la propiedad a los trabajadores, mientras retienen sus propios privilegios. El capital necesita mantener el precio del trabajo lo suficientemente bajo para prevenir que los trabajadores, como clase, sean capaces de retener lo suficiente de sus salarios para adquirir propiedad. Si los trabajadores adquirieran propiedad podrían dejar de vender su trabajo a los capitalistas. El capitalismo, entonces, no puede existir en un mercado libre. La idea de un “libre mercado” es parte de la mitología del capitalismo. No es posible dentro del capitalismo así como poco probable que exista fuera de él.

Si fueran “liberados” de la coerción de los capitalistas en busca de lucro, los productores podrían producir por el valor social, no por el lucro, como lo hacen en sus vidas privadas y familiares, y como lo hacen en comunidades no capitalistas. Esto no quiere decir que en una sociedad libre no exista la competencia, o que sus miembros no buscarán beneficiarse de su trabajo. De hecho, la división del trabajo requerida en una sociedad compleja hace necesarios el intercambio y la reciprocidad. No obstante, la metáfora de “el mercado” tal como es usada en la actualidad no se sostendría.

La “economía de mercado” es, por definición, una economía de la vigilancia, donde las contribuciones a la producción y el consumo deben medirse en detalle. Es una economía de contadores y guardias de seguridad. La contabilidad del valor de cambio en pequeñas y reductoras listas de transacciones valoradas individualmente debe superarse por formas de intercambio más fluidas y generalizadas. El motivo por el que se maximiza el beneficio a partir de la propiedad, que es tan a menudo la fuerza motriz detrás de formas de producción irracionales y destructivas, dará paso a un motivo de producir mucho más fuerte: realizar trabajo con beneficio directo sobre nuestras vidas y nuestra sociedad, una producción que cumpla necesidades y deseos del mundo real.

Los apologistas del capitalismo insistirán que esos motivos son uno y el mismo, que el beneficio es simplemente la recompensa monetaria de producir lo que la comunidad necesita, pero esta relación es por lo menos tenue. Mientras que el elevado precio de los bienes escasos se dirige directamente desde las actividades productivas hacia áreas particulares, la obtención de ganancias de esta producción por parte de los dueños de la propiedad hace muy poco por nuestras necesidades sociales. Cuando la ganancia es lo principal, el precio puede aumentarse o los costos reducirse a través de prácticas de negocio predatorias, explotadoras y anticompetitivas, que no contribuyen a satisfacer las necesidades comunitarias. Cuando los trabajadores son capaces de formar su propio capital, y por lo tanto mantener el producto completo de su trabajo, las motivaciones para perseguir esas prácticas se desvanecen.

Sin la necesidad de contabilizar y medir nuestro consumo y producción para apaciguar a los que imponen el control capitalista, los trabajadores en una sociedad libre tal vez no se molestarían en producir exclusivamente para maximizar la ganancia dentro de una “economía de mercado”. En su lugar, podrían decidir enfocar sus esfuerzos en producir lo que quieren y lo que su comunidad necesita, y estar motivados a compartir los productos de su labor sólo por respeto mutuo. Este tipo de economía no se parece a un “mercado”.

El “mercado” se ha convertido en una metáfora tan penetrante del “intercambio libre” que la sociedad entera es frecuente y acríticamente descrita en términos de un mercado físico. Un mercado físico no es un espacio libre. El control de la ubicación física del mercado ha sido siempre dominio de las jerarquías y la autoridad, y la proximidad al mercado físico es el ejemplo de manual del ingreso no ganado, referido por los economistas como la “renta económica”. El puesto en el mercado es la manifestación física de la división entre productor y consumidor. Ninguna de estas parece ser una característica esencial de una sociedad libre. En lugar de un “libre mercado” idealizado e imposible, una economía de los trabajadores se conceptualizaría mejor como una “economía de red”, donde los participantes independientes intercambian de acuerdo a sus deseos mutuos dentro del contexto de una plataforma común, no controlada centralizadamente por ninguno de ellos, pero compuesta de sus interrelaciones voluntarias.

El capitalismo depende del Estado para imponer control dentro de la economía de red, particularmente para controlar las relaciones a través de canales autorizados, y por lo tanto capturar el valor que de otra forma sería retenido por los productores. Se introducen puntos de control en la trama natural de las relaciones sociales. La “economía de mercado” es entonces la imposición de los términos “no libres” del mercado físico a la sociedad en su conjunto. La distinción entre productor y consumidor debe aplicarse para que la circulación pueda ser controlada. Sólo la jerarquía y la autoridad deben tener acceso privilegiado.

La idea absurda y reduccionista de que debemos concebir a la sociedad misma como un mercado nace de la imaginación del capitalismo, un paraíso para los extorsionadores y corredores de apuestas. Los medios para imponer las relaciones del mercado a la sociedad entera son provistos por el Estado. El rol tradicional del Estado como mediador entre clases en nombre de la clase dominante depende de su soberanía territorial. La habilidad del Estado para imponer control sobre la economía de red depende del hecho de que los participantes actúan principalmente dentro de los límites del Estado. Una vez que la red se expande más allá del Estado tiene el potencial para convertirse en una amenaza para el Estado mismo, al socavar la captura de valor basada en el territorio.

La habilidad del Estado para garantizar títulos y privilegios se basa en su habilidad para asegurar tales ventajas a través del monopolio sobre el uso legítimo de la violencia. Las comunicaciones basadas en redes globales de pares tienen una chance para resistir y evadir la violencia contenida en tales jerarquías. Las relaciones sociales entre comunidades transnacionales, translocales, operan dentro de un espacio extraterritorial, uno donde las operaciones de título y privilegio den lugar a relaciones de interés mutuo y negociación.

Los modos de producción que emplean estructuras similares a las redes de pares poseen relaciones reminiscentes a las de los comunes pastoriles históricos, tierras tenidas en común usadas para mantener el ganado y regulado por derechos antiguos, previos a las leyes y formas de gobierno modernas. Los comunes modernos, sin embargo, no se encuentran en un sólo lugar, sino que abarcan todo el planeta, ofreciendo a nuestra sociedad la esperanza de un camino de salida a la estratificación de clase del capitalismo al menoscabar su lógica de control y extracción. Ejemplos de tal modo de producción en potencia pueden encontrarse a montones.

Las redes de pares, como la Internet, y toda la entrada material e inmaterial que las mantiene corriendo, sirven como un capital común que es usado independientemente por mucha gente. El Software Libre, cuya producción y distribución depende frecuentemente de redes de pares, es un capital común disponible para todos. El Software Libre es producido por productores diversos y distribuidos que contribuyen a él porque ganan mayor valor al usarlo para su propia producción que el valor de sus contribuciones individuales al software. Los ataques populares a las regalías y tasas capturadas por la industria discográfica y fílmica por parte de los usuarios de tecnologías de compartición de archivos nos muestran las dificultades que enfrentan aquellos cuyos ingresos dependen del control de la reproducción. El transporte masivo y la migración internacional han creado comunidades distribuidas que mantienen relaciones interpersonales y, a menudo, económicas informales a través de los límites nacionales.

Todos estos son ejemplos de nuevas relaciones productivas que trascienden las actuales basadas en la propiedad y apuntan a un progreso potencial. El desarrollo de las telecomunicaciones, notablemente la emergencia de redes de pares como la Internet, así como el transporte y migración internacional, crean amplias posibilidades revolucionarias mientras las comunidades dispersas se vuelven capaces de interactuar instantáneamente a escala global. Nuestras vidas y relaciones ya no necesitan confinarse a naciones estado vinculadas a un territorio. Aunque los elementos coercitivos en la jerarquía política y corporativa imponen cada vez más controles draconianos en un intento por prevenir nuestra resistencia a, o la evasión de, tal confinamiento, podemos colocar nuestras esperanzas revolucionarias en la posibilidad de que la escala del cambio es simplemente tan amplia que nunca podrán triunfar del todo.

En proporción a la audaz emergencia de las tecnologías de pares, el software libre y las comunidades internacionales, los obstáculos para el cambio social son increiblemente grandes. Debemos superar la gran acumulación de riqueza de la que la elite capitalista dispone. Esta riqueza les da la habilidad de moldear la sociedad de acuerdo a sus intereses. Para poder cambiar la sociedad debemos expandir activamente el alcance de nuestros comunes, para que nuestras comunidades independientes de pares puedan sostenerse materialmente y resistir los avances del capitalismo.

Cualquier porción de productividad que permitamos que nos saquen retornará en la forma de nuestra propia opresión.

La cabeza de la intervención estatal en la economía de red es la coacción de la propiedad. La propiedad es por naturaleza antagónica de la libertad. La propiedad es la habilidad de controlar bienes productivos a distancia, la habilidad de “adueñarse” de algo que es puesto en uso productivo por otra persona. La propiedad hace posible la subyugación de individuos y comunidades. Donde la propiedad es soberana, no puede haber libertad alguna bajo su dominio. Los dueños de la propiedad escasa pueden negar la vida al no otorgar el acceso a la misma, para entonces poner a los vivos a trabajar como esclavos sin pagarles más que el costo de su reproducción.

En la terminología económica, el ingreso que los dueños reciben, al apropiarse del producto de los trabajadores, se llama renta. El británico David Ricardo, economista político clásico, fue el primero en describir la renta económica a principios del siglo XIX. Dicho simplemente, la renta económica es el ingreso que el dueño de un bien productivo puede ganar sólo por ser su dueño. El dueño gana un ingreso en renta no por hacer algo o alguna forma de contribución, sólo por ser su dueño [@ricardo-1821]. En los términos de Stuart Mill, el recolector de renta gana dinero aun mientras duerme [@mill-1848].

Tomen por ejemplo dos edificios idénticos, uno en un centro económico de importancia y otro en una ciudad menor. Ambos fueron construidos con materiales idénticos, ambos requieren la misma cantidad de trabajo para su mantenimiento y no hay diferencia en términos de costos que los dueños deben sobrellevar para poner estos edificios en el mercado, como lugares comerciales o de vivienda. El edificio en la ciudad mayor ganará, sin embargo, más ingresos que el edificio de la ciudad menor, sin tomar en cuenta la cantidad igual de trabajo y gastos necesarios para mantenerlos. Esta diferencia es la renta económica, y no renta en términos del precio que pagás por el alquiler de tu casa. La renta no se recolecta por ninguna contribución a la producción, sino por privilegios legales, como el título de posesión de una ubicación de valor.

Esto no significa que el dueño no contribuya al valor de la propiedad, por ejemplo a través de su mantenimiento, sino que el valor de cualquier contribución que hagan no se calcula como renta, pero por ejemplo, como interés, si incrementa directamente el valor de la propiedad. La renta, en términos económicos, es el ingreso ganado por permitir a otros usar la propiedad; en última instancia, este ingreso se deriva de la porción que el terrateniente reclama de lo que producen los inquilinos como propio. Esto no se refiere solamente a los terratenientes, la renta y la propiedad en el sentido edilicio. Mientras nuestra habilidad para proveernos subsistencia material requiera acceso a la propiedad que forma nuestros “medios de producción”, debemos acordar transferir una porción de lo que producimos a aquellos que nos permiten el acceso a tales medios, o de lo contrario no podríamos vivir.

La porción de la salida productiva de un productor que puede demandarse por el derecho a existir es el total de esa salida productiva menos los costos de subsistencia del productor. Esta es la conclusión alcanzada por David Ricardo en su Sobre los principios de la economía política y los impuestos de 1817 [@ricardo-1821] y esta es la base de negociación que nos encontramos todos aquellos que nacimos en un mundo enteramente apropiado por otros.

En su “Ensayo sobre los beneficios”, Ricardo argumenta: “El interés del terrateniente siempre se opone al interés de cualquier otra clase de la comunidad” [@ricardo-1815]. Este análisis no se basa en los medios sociales, como la distinción general entre las clases altas y bajas, sino en la relación con los factores de la producción, tierra, trabajo o capital. Este modelo ricardiano provee una base lógica para la idea de que las clases, terrateniente, trabajador y capitalista, tienen intereses diametralmente opuestos.

Que existan clases altas y bajas puede implicar una sociedad injusta, pero esta distinción no necesariamente implica intereses en conflicto y por lo tanto no ofrece una comprensión de la fuente de la estratificación de clase. Como representante de la clase capitalista emergente, Ricardo no intentaba que su crítica de la renta sobre la tierra se extendiera al ingreso ganado por los capitalistas. Los comentaristas críticos como William Thompson y Thomas Hodgsking, los más reconocidos “socialistas ricardianos”, hicieron exactamente eso, argumentando que el lucro obtenido por los capitalistas es tan explotador e inmerecido como la renta de los terratenientes, y que los intereses de los trabajadores se oponen a los intereses tanto de los terratenientes como de los capitalistas. De su trabajo se desprende la crítica del “capitalismo”, un término acuñado como analogía del feudalismo.

El socialismo y todos los demás movimientos de “la izquierda”, comienzan en este conflicto de clase. La creencia de que los medios de producción deben ser propiedad de los productores ya era común entre los socialistas de la época, notablemente entre los que apoyaban al reformista social Robert Owen y el movimiento cooperativista a principios del 1800. Esta comprensión de clase, basada en la relación con los medios de producción, como capitalistas, terratenientes y trabajadores, antes que categorías como rico y pobre, noble, clero y campesino, proveyó una sólida base intelectual que permitió que emergiera un socialismo más científico desde esas raíces utópicas.

La renta permite a los dueños de la propiedad escasa llevar a los trabajadores desposeídos al nivel de subsistencia. Como lo explica Ricardo, “el precio natural del trabajo es aquel que es necesario para permitir a los trabajadores, uno tras otro, subsistir y perpetuar su raza” [@ricardo-1821]. A veces se proclama que esto puede ser refutado por la diferencia entre el precio “natural” teórico y el precio del trabajo en el mercado real, pero tal argumento es simplemente una equivocación, explica Ricardo, porque el precio del mercado fluctúa. La subsistencia no puede tomarse como el mínimo indispensable que requiere la supervivencia y la reproducción. Aun en tiempos de Ricardo, muchos trabajadores no estaban en posición de morirse si ganaban un centavo menos. Antes bien los trabajadores, por su propia definición, son incapaces de ganar lo suficiente para hacer algo más que vivir y luchar por vivir de acuerdo a los estándares aceptables de su comunidad. Estos “estándares aceptables” se establecen en términos canónicos de gusto y decencia establecidos por una elite económica depredadora.

Thorstein Veblen, un economista y sociólogo noruego-estadounidense cuyo trabajo dispone las bases del movimiento institucionalista económico, argumenta que, en una sociedad de clases, todos excepto los más ricos se ven compelidos a disponer prácticamente de su ganancia completa para vivir de acuerdo a los estándares comunitarios de respetabilidad, en lo que él llama “consumo conspicuo” y “derroche conspicuo”. No participar en el consumo conspicuo significa enfrentarse a la exclusión social y aun más reducir los prospectos de movilidad ascendente [@thorstein-2010]. “Fracasar en consumir en cantidad y calidad debida se convierte en una marca de inferioridad y desmerecimiento”, argumenta Veblen en La teoría de clase ociosa, de 1889 [@thorstein-2010].

Los trabajadores tienen algo más que fuerzas culturales trabajando contra su habilidad de formar capital a través de los ingresos que retuvieran más allá de la subsistencia. Mientras los trabajadores carezcan de propiedad, cualquier aumento salarial que ganen será barrido por la inflación de los precios, muy a menudo como resultado del crecimiento de la competencia monetaria por ubicaciones y el incremento de la renta sobre la tierra. Esto no es ningún secreto para los negociadores capitalistas y sus colaboradores en el sector público. Reducir los salarios reales por la inflación como alternativa a la reducción salarial funciona por la “ilusión del dinero”. Como escribe John Maynard Keynes, tal vez el economista más importante de su tiempo y el fundador de la “macroeconomía” moderna, en su libro de 1936 La teoría general del empleo, el interés y el dinero, “a veces se dice que sería ilógico que los trabajadores resistan una reducción del salario monetario pero no lo hagan frente a una reducción del salario real […] la experiencia demuestra que de hecho es de esta manera como se comporta la mano de obra” [@keynes-2002]. Daniel Bell pone en claro este proceso en su paper “La subversión de la negociación colectiva”. Bell muestra que estos casos no llevan a un cambio en el nivel general de la riqueza real; en la mayoría de los casos, los trabajadores que recibieron un aumento salarial no incrementaron su parte de la riqueza, sino que terminaron pagando precios más altos [@bell-1960].

La propiedad no es un fenómeno natural; la propiedad es creada por ley. La habilidad para extraer renta depende de la habilidad propia para controlar un recursos escaso aun si es utilizado por alguien más. En otras palabras, la propiedad le da la capacidad al propietario de forzar a esa otra persona a compartir el producto de su trabajo. La propiedad, entonces, es el control a distancia. De esta manera, la renta sólo es posible mientras sea apoyada por la fuerza, felizmente provista por el Estado a los dueños de la propiedad.

Sin un medio para forzar a aquellos que ponen la propiedad en uso productivo a compartir el producto de su trabajo con el dueño ausente y ocioso, ese propietario no podría ganarse la vida, y menos acumular más propiedad. Como diría el revolucionario marxista alemán Ernest Mandel en su “El materialismo histórico y el Estado capitalista”, “sin la violencia del estado capitalista, no hay capitalismo seguro” [@mandel-1981]. El propósito de la propiedad es asegurar que la clase desapropiada exista para producir riqueza disfrutada por la clase propietaria. La institución de la propiedad no beneficia a los trabajadores. Esto no es lo mismo que decir que los trabajadores individuales no puedan convertirse en propietarios, sino que al hacerlo dejan de pertenecer a su clase. Las historias de éxito individual no cambian el sistema de clases. Como dijo el filósofo político canadiense Gerald Cohen, proponente del marxismo analítico, “quiero elevarme con mi clase, ¡no sobre ella!” [@cohen-1988; @cohen-2009]

La situación global actual confirma que los trabajadores, como clase, no son capaces de acumular propiedad. Un estudio hecho en la Universidad de las Naciones Unidas por el Instituto Mundial de Investigación sobre la Economía del Desarrollo reporta que el 1% de los adultos más ricos poseía el 40% de los bienes globales en el año 2000, y que el 10% más rico de los adultos contabilizada el 85% del total mundial. La mitad inferior de la población adulta poseía apenas el 1% de la riqueza global. En el reporte se incluyen estadísticas extensivas, muchas de las cuales indican una disparidad mundial creciente [@un-2007].

La condición de la clase trabajadora en la sociedad es por lejos de carencia de poder y pobreza; la condición de la clase trabajadora en Internet no es diferente. Los requisitos de control y privilegio requeridos por el capitalismo están siendo impuestos en la Internet, cambiando la topología de la red de una donde el comunismo de pares está embebido en su arquitectura, a otra donde las aplicaciones cliente-servidor se han vuelto centrales y cada vez más median y controlan todas las relaciones.

Atrapados en la telaraña mundial

Las posibilidades revolucionarias de la Internet temprana descansaban particularmente sobre la capacidad de interactuar directamente entre usuarios. Así, la Internet prometía ser una plataforma donde la libertad de expresión y de asociación estaba construida en la arquitectura misma. Sin embargo, sin que la mayoría de los usuarios lo noten, la arquitectura de Internet está cambiando, y la topología de la red está siendo reconstruida de forma tal que no sólo sirve a los intereses del capitalismo, sino que también habilita el monitoreo y control de sus usuarios en una escala jamás soñada.

Internet tomó al mundo corporativo por sorpresa, al emerger de universidades públicas, investigación militar y la sociedad civil. Fue promovida por una industria casera de proveedores de Internet pequeños e independientes, que eran capaces de ganarse unos pesos al proveer acceso a la red construida y financiada por el Estado. Mientras tanto, el mundo corporativo pujaba por una idea muy diferente sobre la supercarretera de la información, produciendo “servicios online” monolíticos y centralizados como CompuServe, Prodigy y AOL. Lo que hizo a estos servicios corporativos diferentes de Internet fue que eran servicios centralizados a los que los usuarios se conectaban directamente, mientras que la Internet es una red de pares (P2P) donde cada dispositivo podía comunicarse directamente con cualquier otro con sólo poseer una dirección pública de Internet.

Mientras los usuarios tanto de CompuServe como de Internet tenían acceso a aplicaciones similares, como el correo electrónico, grupos de discusión, grupos de conversación y compartición de archivos, los usuarios de CompuServe dependían completamente del acceso a este, mientras que los usuarios de Internet podían tener acceso a esta a través de cualquier proveedor de servicio e incluso podían tener sus propios servidores. Las plataformas como el correo electrónico y el IRC se basaban en una estructura distribuida a la que nadie controlaba y de la que nadie era dueño. Esta estructura era aceptada por sus adoptantes tempranos más entusiastas, como las instituciones públicas y las organizaciones no gubernamentales. No obstante, los inversores capitalistas eran incapaces de ver cómo un sistema irrestricto les permitiría percibir ganancias. La Internet parecía el anatema de la imaginación capitalista.

El boom de las puntocom original, entonces, se caracterizó por un apuro por poseer infraestructura, consolidar a los proveedores de Internet independientes y tomar el control de la red. El dinero fue tirado al azar por los inversores mientras luchaban por comprender cómo podría ser utilizado este medio. En última instancia, la misión de estos inversores fue largamente exitosa. Su misión fue destruir a los proveedores de servicio independientes y poner grandes y bien financiadas corporaciones en el asiento del conductor. Si tenías una cuenta de Internet en 1996 lo más probable es que haya sido con una empresa local pequeña. Diez años después, mientras algunas de esas compañías sobrevivieron, la mayoría de las personas tenían acceso a Internet a través de corporaciones de telecomunicaciones gigantescas, que persisten incluso más fuertes hoy.

La Internet es más que la Web, término inexacto usado como un sinónimo de la red entera y de todas las aplicaciones que corren en ella. La WWW es una tecnología que corre sobre la red de pares que es la Internet; sin embargo, no es como las tecnologías clásicas de Internet como el correo, IRC, Usenet, etc. La Web no es distribuida ni es P2P; es una tecnología cliente-servidor. El que publica un sitio web corre los servidores y tiene control exclusivo sobre el contenido y las aplicaciones que el sitio provee, incluyendo el control de quién debe o no debe tener acceso al sitio. Un sitio web tiene más en común con CompuServe que con un sistema de pares. El que publica tiene control absoluto sobre el contenido y las opciones disponibles a los usuarios.

La Web comenzó inocentemente como una plataforma para publicar texto en línea; no obstante, se convirtió rápidamente en el punto focal de las organizaciones que buscaban comercializar la Internet. Desde sus modestos inicios, cuando las compañías ponían volantes en lína, la Web comercial despegó junto con el desarrollo del e-Commerce. En este punto, la Web todavía no había tomado la compartición en línea. La gente usaba la Web para, por ejemplo, navegar una librería, pero continuó empleando las tecnologías distribuidas para comunicarse con otros usuarios. Sin embargo, muy pronto la Web, financiada por capitales de riesgo, se colocó de forma tal que los sitios web operados por grandes corporaciones se convirtieron en las principales plataformas sociales. La misma Internet desaparecería pronto detrás de la Web, y los usuarios nunca más saldrían del navegador.

La Web 2.0 emergió como el paraíso del capitalismo de riesgo, donde inversores se meten en el bolsillo el valor producido por usuarios no pagados, se montan en las innovaciones técnicas del movimiento del software libre y matan el potencial decentralizador de la tecnología de pares.

Wikipedia dice que:

Web 2.0, un término acuñado por O’Reilly Media en el 2004, se refiere a la supuesta segunda generación de servicios basados en Internet, como los sitios de redes socials, wikis, herramientas de comunicación y folksonomías que enfatizan la colaboración en línea y la compartición entre usuarios [@wikipedia-web20].

El uso de la palabra “supuesta” es digna de notarse. Wikipedia, debería saberlo, siendo el más amplio trabajo colectivamente editado de la historia. Al contrario de la mayoría de los miembros de la generación 2.0, Wikipedia es controlada por una fundación sin fines de lucro, obtiene ingresos sólo por donación y lanza su contenido bajo una licencia copyleft. Dice mucho que el artículo en la Wikipedia continúa con: “[La Web 2.0] se ha vuelto una (aunque mal definida y a menudo criticada) palabra de moda [buzzword] popular entre ciertas comunidades técnicas y de marketing”.

La comunidad del software libre ha tendido a sospechar, si no a desdeñar del todo, a la moda 2.0. Tim Berners-Lee, el creador de la World Wide Web, desechó el término diciendo que “la Web 2.0 es por supuesto una pieza de argot, nadie sabe realmente qué significa”. Continua diciendo que “significa usar los estándares que fueron producidos por todas estas personas que traban en la Web 1.0” [@developer-2006]. En realidad, entonces, no hay ni una Web 1.0 ni una 2.0. Hay solo un desarrollo continuo de aplicaciones en línea que no puede dividirse claramente.

Al tratar de definir a la Web 2.0, es seguro decir que la mayoría de los desarrollos importantes estuvieron orientados a habilitar a la comundiad a crear, modificar y compartir contenido de una forma que antes sólo había estado disponible para organizaciones centralizadas que compraban paquetes de software costosos, pagaban un equipo para manejar los aspectos técnicos del sitio, y pagaban un equipo para crear el contenido que generalmente era publicado solo en el sitio de esa organización.

Una compañía de la Web 2.0 cambia fundamentalmente la producción del contenido en Internet. Las aplicaciones web y los servicios se han vuelto más baratos y rápidos de implementar, y al permitir a los usuarios finales acceder a estas aplicaciones, una compañía podía tercerizar efectivamente la creación y la organización de su contenido a los mismísimos usuarios finales. En lugar del modelo tradicional de un proveedor de contenidos editando su propio contenido y de un usuario final consumiéndolo, el nuevo modelo permite al sitio de la compañía a actuar como un portal centralizado de usuarios que son a la vez consumidores y creadores. Para el usuario, el acceso a estas aplicaciones lo empodera a crear y publicar contenido que previamente les hubiera requerido comprar como software de escritorio y poseer una mayor serie de habilidades tecnológicas. Por ejemplo, dos de los medios primarios de producción de contenidos basados en texto en la Web 2.0 son los blogs y los wikis. Estos permiten al usuario crear y publicar contenido directamente desde su navegador sin un conocimiento real de lenguajes de marcado, transferencia de archivos o herramientas de sindicación, y todo sin necesidad de comprar software.

El uso de aplicaciones web para reemplazar el software de escritorio es mucho más significativo para el usuario cuando se trata del contenido que no es meramente textual. No sólo las páginas web pueden ser creadas y editadas en el navegador sin tener que comprar software de edición HTML, las fotografías pueden ser cargadas y manipuladas en línea sin costosas aplicaciones de escritorio para manipulación de imágenes. Un video hecho en la cámara de un consumidor puede enviarse a un sitio de videos, subida, codificada y embebida en una página HTML, publicada, etiquetada y sindicalizada a través de la web sin dejar el navegador. En el artículo de Paul Graham sobre la Web 2.0 él diferencia los roles de la comunidad/usuario más específicamente. Esto incluye al profesional, al amateur y al usuario (más precisamente, al usuario final). Los roles del profesional y el usuario eran, siguiendo a Graham, bien entendidos en la Web 1.0, pero el amateur no tenía un lugar bien definido [@graham-2005]. Como Graham describe en “Qué pueden aprender los negocios del Código Abierto”, el amateur ama trabajar, sin preocuparse por compensación o reconocimiento alguno por su trabajo. En desarrollo, el amateur contribuye al software de código abierto mientras que el profesional es pagado por su trabajo propietario [@graham-2005a].

La caracterización que hace Graham del “amateur” tiene una extraña semejanza a Si tuviera un circo, de Dr. Seuss, donde el joven Morris McGurk dice al staff del imaginario Circo McGurkus:

Mis obreros aman trabajar.
Dicen, “¡Trabájanos! ¡Por favor hazlo!
Trabajaremos y trabajaremos tantas sorpresas
¡Que nunca verías la mitad si tuvieras cuarenta ojos!” [@seuss-1956]

Y mientras el término “Web 2.0” puede no significar nada para Tim Berners-Lee, quien ve a las innovaciones recientes como nada más que un desarrollo continuado de la Web, para los capitalistas de riesgo, que como Morris McGurk sueñan con trabajadores incansables produciendo contenidos infinitos sin demandar un salario, suena estupendo. Y en efecto, de YouTube a Flickr a Wikipedia, verdaderamente “no verías la mitad si tuvieras cuarentas ojos”. Tim Berners-Lee tiene razón. No hay nada, desde un punto de vista técnico o del usuario en la Web 2.0 que no tenga sus raíces en, y no sea un desarrollo natural de, la generación temprana de la Web. La tecnología asociada con la bandera de la Web 2.0 era posible y en algunos casos estaba previamente disponible, pero la moda alrededor de este uso ciertamente ha afectado el crecimiento de los sitios 2.0.

Internet siempre ha sido sobre compartir entre usuarios. En efecto Usenet, el sistema de mensajería distribuida, ha estado operando desde 1979. Desde entonces, Usenet ha estado almacenando discusiones, periodismo “amateur” y compartición de fotos y archivos. Como la Internet, es un sistema distribuido no apropiado ni controlado por nadie. Es esta cualidad, la falta de control y apropiación central, la que diferencia servicios como Usenet de la Web 2.0.

Si Web 2.0 significa algo, este significado descansa sobre la racionalidad del capital de riesgo. La Web 2.0 representa el retorno de la inversión en emprendimientos de Internet. Despúes de la decadencia puntocom (el fin real de la Web 1.0), aquellos que buscaban inversiones en dólares necesitaban una nueva razón para invertir en emprendimientos en línea. “Constrúyelo y ellos vendrán”, la actitud dominante del boom puntocom de los ’90, junto con la delirante “nueva economía” ya no eran atractivos despúes de que tantos emprendimientos fallaran. Construir infraestructura y financiar la capitalización real ya no era lo que los inversores buscaban. Capturar el valor creado por otros, sin embargo, probó ser una propuesta más atractiva.

La Web 2.0 es el Boom de la Inversión en Internet 2.0. La Web 2.0 es un modelo de negocio de apropiación privada del valor creado colectivamente. Nadie niega que la tecnología de sitios como YouTube, por ejemplo, es trivial. Esto está más que evidenciado por el gran número de servicios idénticos, tales como Daily Motion, de compartición de videos. El valor real de YouTube no es creado por los desarrolladores del sitio; en cambio, es creado por la gente que carga videos en el sitio. Aun así, cuando YouTube fue comprado por un valor de mil millones de dólares en acciones de Google, ¿cuántas de esas acciones fueron adquiridas por los que hicieron esos videos? Cero. Zilch. Nothing. Un gran negocio, entonces, si sos el dueño de una compañía de la Web 2.0.

El valor producido por los usuarios de servicios de la Web 2.0 como YouTube es capturado por los capitalistas de riesgo. En algunos casos, el contenido que contribuyen se convierte en última instancia en propiedad de los dueños del sitio. La apropiación privada del valor creado comunitariamente es una traición a la promesa de compartir tecnología y la co-operación libre. Al contrario de la era de las puntocom, donde los inversores a menudo financiaban adquisición de capitales costosos, desarrollo de software y creación de contenido, un inversor en la Web 2.0 financia el marketing, la generación de moda y tendencias. La infraestructura está ampliamente disponible a bajo costo, el contenido es gratis y el costo del software, al menos el software que no está disponible libremente, es diminuto. Básicamente, al proveer algo de ancho de banda y espacio en disco, es posible convertirse en un sitio 2.0 exitoso si podés publicitarte efectivamente.

El principal triunfo de una compañía de la Web 2.0, entonces, viene de su relación con la comunidad. Más específicamente, el éxito viene de la capacidad de la compañía para “aprovechar la inteligencia colectiva”, como dice Tim O’Reilly [@oreilly-2007]. Desde esta perspectiva, las compañías de la Web 1.0 eran demasiado monolíticas y unilaterales en su acercamiento al contenido. Las historias de éxito en la transición de la Web 1.0 a 2.0 se basaron en su habilidad para mantenerse monolíticas en cuanto a la marca del contenido, o, mejor aun, en su apropiación del contenido, al mismo tiempo que abrían la creación de ese contenido a la comunidad. Yahoo!, por ejemplo, creó un portal con contenido de la comunidad mientras se mantenía como la ubicación centralizada para encontrarlo. eBay permite que la comunidad venda sus bienes al tiempo que es dueño del mercado para esos bienes. Amazon, aun vendiendo los mismos productos que otros sitios, tuvo éxito al permitir que la comunidad participe en el “flujo” alrededor de sus productos.

Debido a que los capitalistas que invierten en emprendimientos de la Web 2.0 usualmente no financian la capitalización temprana, su comportamiento es marcadamente parasitario. Los capitalistas de la Web 2.0 arriban frecuentemente tarde, cuando la creación de valor está en su mejor momento, se cuelan para apropiarse del espacio y usan su poder financiero para promover el servicio, a menudo en el contexto de una red hegemónica de socios mayores y bien financiados. Esto significa que las compañías que no son adquiridas por el capital de riesgo terminan hambrientas de efectivo y echadas fuera del club.

En todos estos casos, el valor de un sitio de Internet no es creado por el equipo contratado por la compañía que lo posee, sino por los usuarios que lo utilizan. Con el énfasis puesto en el contenido creado por la comunidad y la compartición, es muy fácil pasar por alto preguntas acerca de la propiedad del contenido y la habilidad para monetizar su valor. Estas preguntas son rara vez hechas por el usuario. Son parte de la letra chica en los Términos de Servicio de Facebook, o en el “flickr.com” en la URL de sus fotos. La propiedad rara vez es un problema para la comunidad, y es un pequeño precio a pagar por el uso de esas aplicaciones maravillosas. Ya que la mayoría de los usuarios no tienen acceso a medios alternativos para producir y publicar su propio contenido, son atraídos a sitios como Facebook y Flickr.

Debe agregarse que muchos proyectos de código abierto pueden citarse como las innovaciones clave para el desarrollo de la Web 2.0: software libre como Linux, Apache, PHP, Ruby, Python, etc. son la columna vertebral de la Web 2.0 y de la Web en sí misma. Pero existe una falla fundamental en todos estos proyectos en términos de a lo que O’Reilly refiere como las “competencias principales” de las compañías de la Web 2.0, es decir el control sobre fuentes de datos únicas, difíciles de recrear, enriquecidas por el uso de la gente y el aprovechamiento de la inteligencia colectiva que atraen [@oreilly-2007]. Permitir a la comunidad contribuir abiertamente y utilizar esa contribución en el contexto de un sistema privativo donde el propietario se adueña del contenido es característico del éxito de una compañía de la Web 2.0. Permitir a la comunidad ser dueño de lo que crea, sin embargo, no lo es.

Entonces, para ser exitoso y crear ganancias para los inversores, una compañía de la Web 2.0 necesita crear mecanismos para compartir y colaborar controlados centralmente. La falta de control central que poseen Usenet y otras tecnologías controladas por pares es, en el contexto de la Web 2.0, una falla fundamental. Solo benefician a sus usuarios, no a los inversores ausentes, porque no son “poseídas”. Así, porque la Web 2.0 está financiada por el viejo capitalismo, Usenet está practicamente olvidada. Mientras YouTube vale mil millones de dólares, PeerCast, una innovadora red de streaming de video P2P que existe desde hace varios años más que YouTube, es virtualmente desconocida.

Desde un punto de vista tecnológico, las tecnologías distribuidas y de pares son muchísimo más eficientes que los sistemas de la Web 2.0. Haciendo un mejor uso de los recursos de la red al utilizar las computadoras y las conexiones de red de los usuarios, el P2P evita los cuellos de botella creados por los sistemas centralizados. Además permite que el contenido sea publicado con menor infraestructura, a menudo no más que una computadora y una conexión a Internet de consumidor final. Los sistemas P2P no requieren los centros de datos masivos de YouTube. Los sistemas distribuidos también tienden a ser más longevos. Usenet ha sido subsumida de alguna forma por Google, que es dueño del archivo de Usenet más grande y del más usado cliente web, Google Groups. Sin embargo, gracias a la naturaleza distribuída de Usenet, otros medios de acceso continuan existiendo en paralelo y mientras su rol como una plataforma online ha perdido prominencia, muchos grupos de noticias permanecen en actividad. Por ejemplo, la Iglesia de los SubGenios, alt.slack, continua teniendo importancia como un foro social para la popular religión de burla con sede en EEUU. La falta de una infraestructura central también conlleva una falta de control central, significando la ausencia de censura, a menudo un problema de la propiedad privada de las “comunidades”, que frecuentemente ceden a los grupos de presión públicos y privados y aplican limitaciones al tipo de contenido que permiten. Además, la falta de grandes bases de datos cruzadas con bases de información sobre los usuarios es una ventaja muy fuerte en términos de privacidad.

Desde esta perspectiva, puede decirse que la Web 2.0 es el ataque preventivo del capitalismo a los sistemas de pares. No obstante, a pesar de las muchas desventajas en comparación al P2P, la Web 2.0 es más atractiva a los inversores y por lo tanto tiene más dinero para financiar y promover soluciones centralizadas. El resultado final es que la inversión capitalista ha fluido hacia las soluciones centralizadas, volviéndolas fáciles y baratas o gratuitas para que los productores no-técnicos de información las adoptasen. Esta facilidad de acceso, comparada a la técnicamente desafiante y costosa empresa de poseer tus propios medios de producción de información, ha creado un proletariado “sin tierra” listo para proveer de trabajo alienado de creación de contenido a los nuevos terratenientes informáticos de la Web 2.0. La misión de la Web 2.0 es destruir el aspecto P2P de la Internet y hacerte junto con tu computadora y tu conexión a Internet, dependiente de la conexión a servicios centralizados que controlan tu habilidad para comunicarte. La Web 2.0 es la ruina de los sistemas de pares libres y el regreso de los servicios en línea monolíticos.

Un detalle informativo es que la mayoría de las conexiones hogareñas o de oficina durante los ’90, como las conexiones por módem o ISDN, eran simétricas, iguales en su habilidad para enviar y recibir datos. Por diseño, estas conexiones te permitían ser al mismo tiempo un productor y un consumidor de información. Por otro lado, las conexiones DSL y de cable-modem modernas son asimétricas, permitiéndote descargar información rápidamente, pero subirla lentamente. Además, muchos acuerdos de usuario de los servicios de Internet prohíben al usuario correr servidores en sus cuentas de consumidor y podrían cortarte el servicio si lo hacés.

El capitalismo, enraizado en la idea de que la ganancia es percibida a través de la propiedad ociosa, requiere del control centralizado. Sin tal forma de control, los productores no tienen motivo para compartir su ganancia con accionistas ajenos. Asique mientras el financiamiento del desarrollo de Internet provenga de accionistas privados intentando apropiar valor poseyendo recursos de Internet, la red solo podrá volverse más restringida y centralizada. Mientras los bienes comunes informacionales tienen el potencial de tener un rol importante en movilizar a la sociedad hacia modos de producción más inclusivos, cualquier esperanza real por servicios basados en Internet genuinos, enriquecedores de la comunidad, no está enraizada en la creación de más recursos centralizados y privados, sino en la creación de sistemas cooperativos, P2P y basados en los comunes, poseídos por todos y por ninguno.

Para reiterar, aunque pequeña y oscura para los estándares actuales, con su foco puesto en aplicaciones de pares como Usenet y el correo electrónico, la Internet temprana era un recurso común, compartido. La comercialización de Internet y la emergencia del financiamiento capitalista permitieron el cercamiento de estos bienes comunes informacionales, convirtiendo la riqueza pública en beneficio privado. Por lo tanto la Web 2.0 no debe pensarse como una segunda generación del desarrollo técnico ni social de la Internet, sino como la segunda ola de cercamiento capitalista sobre los bienes comunes informacionales.

La tercera ola de cercamiento de los bienes informacionales ya está apareciendo. La computación en la nube, provista por grandes corporaciones como Google y Amazon, donde los clientes no son propietarios de la infraestructura física que utilizan, profundiza la centralización de la infraestructura de la Internet. Adicionalmente, legislaciones como el “Paquete de Reformas de Telecomunicaciones”1 presentadas al Parlamento Europeo, buscan posibilitar que los proveedores de servicios (grandes conglomerados de telecomunicaciones) puedan decidir a cuáles sitios web pueden acceder sus usuarios. El capital nos está mostrando su visión del futuro de Internet, y el futuro es muy parecido a CompuServe: monolítico, centralizado, mediado, controlable y explotable, y naturalmente, operado por unas pocas grandes corporaciones.

Casi todos los servicios de Internet más utilizados pueden ser reemplazados por alternativas de pares. Google puede reemplazarse por un sistema de búsquedas P2P, donde cada navegador y cada servidor web son nodos activos en el proceso de búsqueda; Flickr y YouTube pueden reemplazarse por PeerCast, eDonkey y BitTorrent, que permiten a los usuarios utilizar sus propias computadoras y conexiones a Internet para compartir videos y fotografías colaborativamente. Sin embargo, desarrollar recursos de Internet requiere aplicación de riquezas, y mientras la fuente de estas sea el capital de riesgo, el gran potencial de pares de la Internet permanecerá irrealizado. Si no podemos encontrar alternativas al financiamiento capitalista, no solo perderemos la Internet como la conocemos, sino también la oportunidad de rehacer la sociedad a la imagen del P2P.

La Producción de Pares y la Pobreza de las Redes

Una Internet más libre no puede existir dentro del actual sistema de financiamiento capitalista. Los argumentos a favor de la evidente superioridad técnica de las tecnologías distribuídas sobre las centralizadas no han sido los factores decisivos en el desarrollo, en última instancia, de nuestra infraestructura de comunicación global, que se ha consolidado como una infraestructura restrictiva y regulada. El factor determinante es, como siempre, el hecho de que aquellos cuyos intereses están asegurados por la restricción de la libertad, tienen más riqueza a su disposición para presionar implacablemente hacia sus fines, que la riqueza disponible para resistirse a ellos. Las razones económicas son bien entendidas; la clase numéricamente pequeña de capitalistas es la beneficiaria de la injusta distribución de los activos productivos que le permite capturar la riqueza producida por las masas de trabajadores sin propiedad.

Si queremos tener voz en la forma en como las redes de comunicaciones se operan, o si queremos hacer cualquier reforma social, debemos comenzar por no permitir que los dueños de la propiedad conviertan nuestra productividad en riqueza acumulada por y para ellos. La riqueza que usan para imponer restricciones a nuestras libertades es la riqueza que nos han quitado. Sin nosotros no tendrían fuente de riqueza. Ni siquiera toda la riqueza acumulada durante siglos de explotación puede salvar a la elite económica si se vuelve incapaz de continuar capturando la riqueza del presente. El valor del futuro es muchísimo mayor que el del pasado. Nuestras ideas sobre topología de redes finalmente no son una amenaza para el capitalismo, que siempre las puede co-optar, sabotear o simplemente ignorar. Antes bien, son nuestras nuevas formas de trabajar y compartir a través de fronteras nacionales las que tienen el potencial de amenazar el orden capitalista y abrir paso a una nueva sociedad.

Con frecuencia, las discusiones sobre las relaciones productivas en los proyectos de software libre y otros proyectos colaborativos como Wikipedia, intentan embotellar la producción basada en los comunes y atraparla dentro de la esfera de la producción inmaterial e intangible, restringiéndola a un dominio en el que no puede afectar la distribución de la riqueza ni por lo tanto desempeñar un papel en el conflicto de clases. Yochai Benkler, profesor de Estudios Legales Empresariales en la Escuela de Leyes de Harvard, acuñó el término “produccion de pares” para describir la forma en que el software libre, los articulos de Wikipedia y otros trabajos similares se producen. Limitando su análisis a la llamada “economía de la información en red”, la novedad de la producción de pares como es entendida por Benkler y muchos otros es que la propiedad en el patrimonio común es “propiedad no rival”, que puede ser consumida sin prevenir a otros consumirla al mismo tiempo. Esta propiedad no rival puede incluir la transmisión radial, el video en Internet o cualquier otro recurso transferible o accesible por red, como el software libre. Tal propiedad carece virtualmente de costos de reproducción. Otra característica distintiva del concepto limitado de producción de pares de Benkler es que no es reciprocitaria, es decir que los productores no reciben remuneración directa por lo que han producido, ya que sus productos están disponibles sin costo. Por ejemplo, a los usuarios de software libre no se les requiere compensar a los desarrolladores originales.

No hay que negar que la red de riqueza de Benkler tiene mucho que ofrecer. El valor de estos comunes informacionales para sus usuarios es fantástico, como evidencian los millones que, por ejemplo, usan software libre, Wikipedia, comunicaciones en línea y herramientas de redes sociales. Sin embargo, si la producción de pares basada en comunes se limita exclusivamente a bienes comunes hechos de propiedad digital sin costo de reproducción, ¿cómo puede el valor de uso producido traducirse en valor de cambio? ¿Dónde está el dinero para pagar la producción de estas cosas valiosas? Algo sin costo de reproducción no puede tener valor de cambio en el contexto del libre intercambio. Cualquiera que quiera una copia puede obtenerla de cualquiera que tenga una. Pero si lo que producen no tiene valor de cambio, ¿cómo pueden los demás pares productores ser capaces de adquirir los bienes materiales necesarios para su subsistencia?

La red de riqueza existe dentro del contexto de un planeta pobre. Las causas de la pobreza no son la falta de cultura e información, sino la explotación directa de la clase productora por las clases dueñas de la propiedad. La fuente de la pobreza no son los costos de reproducción sino la renta económica extraída, la plusvalía capturada al forzar a los productores a aceptar como salario menos que el producto completo de su trabajo, negándoles el acceso independiente a los medios de producción. Mientras la producción basada en los comunes se aplique exclusivamente a los comunes informacionales y el modo de producción capitalista siga dominando la producción de la riqueza material, los dueños de la propiedad material continuarán capturando la riqueza marginal creada como resultado de la productividad de esos comunes informacionales.  Cualquiera sea el valor de cambio derivado de los comunes informacionales, será siempre capturado por los dueños de la propiedad real, que se encuentra fuera de los comunes.

Para que la producción de pares tenga algún efecto sobre la riqueza material en general, tiene que operar en el contexto de un sistema completo de bienes y servicios, donde tanto los medios de producción físicos como los virtuales estén disponibles en los comunes productivos. Al establecer una producción de pares únicamente en el contexto del patrimonio común de la informacion, Benkler está creando una trampa, asegurándose que el valor creado en la economía de pares sea apropiado por el privilegio sobre la propiedad.  Encontramos a Benkler de cabeza y necesitamos redefinir la producción de pares para volver a colocarlo de pie.

No es la producción lo que es inmaterial en la producción inmaterial no reciprocitaria. Las computadoras, redes, desarrolladores y sus lugares de residencia y trabajo son muy materiales y requieren mantenimiento material. Lo que es inmaterial es la distribución. La información digitalizada, sea código fuente u obra cultural puede multiplicarse y enviarse por las redes globales en fracciones de segundo, aunque su producción sigue siendo un asunto bastante material. Si la produccion de pares sólo puede producir bienes inmateriales como el software y si los productores no obtienen nada a cambio por esa producción, entonces esa forma de “producción” no puede llamarse modo de producción en lo absoluto. En primer término, cualquier modo de producción debe dar cuenta de sus insumos materiales o se desvanecerá. Estos insumos deben incluir los costos de subsistencia de quienes contribuyeron con su trabajo, para, como mínimo, “permitir a los trabajadores, uno con otro, subsistir y perpetuar su raza”, en palabras de Ricardo [@ricardo-1821].

La producción inmaterial no reciprocitaria no puede hacerlo, ya que para producir software libre, cultura libre o sopa libre, los productores deben obtener su subsistencia de alguna otra fuente y por lo tanto la producción inmaterial no reciprocitaria no es una forma de producción en lo absoluto, sino un caso especial de distribución dentro de otra forma de producción. La producción inmaterial no reciprocitaria no es más modo de producción que una olla popular o la medicina socializada. Se trata simplemente de un fenómeno superestructural que tiene otro modo de producción como base: el capitalismo.

En lugar de poner el énfasis en la distribucion inmaterial de lo que es producido por los ejemplos actuales de la produccion de pares, podríamos notar que esa producción está caracterizada por productores independientes que emplean un acervo común de activos productivos. Esta mirada sobre la producción de pares no se limita categóricamente a los bienes inmateriales. Entendido de esta forma, el concepto de producción de pares, donde una red de pares aplican su labor a un acervo común para beneficio mutuo e individual, ciertamente resuena en las viejas propuestas de modos socialistas de producción, donde en una comunidad sin clases de trabajadores (“pares”) producen colaborativamente dentro de una sociedad sin propiedad (“basada en los comunes”). A diferencia de la definición inmaterial y no reciprocitaria. Esta formulación puede dar cuenta de insumos materiales, especialización del trabajo y medios de formación de capital y tambien se relaciona cercanamente a la topología de las redes de pares (P2P) de la cual se deriva el término. Esta definición también describe mejor la producción de software libre, Wikipedia y otros trabajos ofrecidos como ejemplos de producción de pares.

Aun más, esta formulación está mejor arraigada en la historia, como describen los ejemplos históricos de producción basada en comunes, como los terrenos pastoriles. Como la distribución de los activos producidos está tan en la raíz de la inequidad de riqueza y poder que perpetuan los sistemas explotadores, un modo de producción donde los activos productivos son apropiados en común se vuelve potencialmente revolucionario. Sin embargo, si esta forma de producción se encapsula en lo inmaterial, si puede ser categorizada como inmaterial por definición, entonces sus productores no podrán capturar el valor que generen. Ésta, vale la pena decirlo, es precisamente la razón por la que los profesores de leyes de la Ivy League y otras elites prefieren mantener esta limitación. No obstante, si podemos implementar formas de compartir independientemente un acervo común de activos materiales y por lo tanto expandir el alcance de los comunes para incluir bienes materiales tanto como inmateriales, entonces los productores que emplean estos activos en su producción pueden retener una mayor parte de su producto.

La producción de pares es distinta de otros modos de producción. Los trabajadores que emplean independientemente un acervo común de activos productivos es un modo diferente, distinto de los enfoques capitalistas y colectivistas. El modo de producción capitalista es explotador por naturaleza; su lógica fundamental es capturar la plusvalía del trabajo al negar el acceso independiente a los medios de producción. Sin embargo, los modos de producción colectivistas pueden ser explotadores también. Por ejemplo, en la producción cooperativa, en la que los productores emplean colectivamente los activos productivos poseídos en común, la distribución de éstos tiende a ser injusta entre diferentes cooperativas, permitiendo a unas explotar a otras.  Puede decirse que las formas colectivistas a gran escala, como los estados socialistas o las grandes cooperativas diversificadas, eliminan el tipo de explotación que puede ocurrir entre cooperativas. Sin embargo, las capas de coordinación en expansión necesarias para administrar estas grandes organizaciones dan origen a una clase coordinadora, una nueva clase consistente en una élite tecno-administrativa que históricamente ha probado tener la capacidad de ser tan parasitaria y severa con los trabajadores como la clase capitalista.

Una comunidad de pares productores puede crecer sin desarrollar capas de coordinación porque se auto-organiza y produce independientemente y como tal, no necesita de capas administrativas además de las requeridas para proveer el acervo común de activos productivos. Así, la coordinación se limita a la asignación del común entre quienes deseen emplearlo. No es sorprendente que este tipo de producción haya aparecido y se haya desarrollado donde el patrimonio común es propiedad inmaterial, como el software libre, ya que los bajos costos de reproducción eliminan el problema de la asignación. Por lo tanto, lo que se necesita para que la producción de pares pueda incorporar bienes materiales a su patrimonio común es un sistema de asignación de activos materiales entre pares independientes, que imponga solamente una mínima carga de coordinación. El comunismo de riesgo es esta forma.

Comunismo de riesgo

El comunismo de riesgo provee una estructura para que los productores independientes compartan un patrimonio común de activos productivos, permitiendo que las formas de producción antes asociadas exclusivamente con la creación de valor inmaterial, como el software libre, se extiendan a la esfera material. Parte del aparato que permitió a la comunidad del software libre crecer y expandirse fue la creación del copyleft, un tipo de licencia que permite la re-utilización del software que cubre, mientras las obras derivadas también se licencian bajo los mismos términos. Al publicar el software bajo tales licencias, la obra se convierte en patrimonio colectivo de todos los desarrolladores de software libre.

La innovación principal del copyleft fue el de volver el sistema de copyright contra sí mismo. El vehículo para establecer control con el copyright es la licencia bajo la cual se publica una obra, que establece los términos en los cuales se permite a otros usar el material con copyright. El copyleft secuestra efectivamente el aparato existente que refuerza el privilegio sobre los activos intelectuales, usando la autoridad concedida por la licencia de copyright para garantizar el acceso a todos y requerir que esta libertad se mantenga. Esto es consistente con las leyes de copyright y depende de ellas, porque sin copyright ni las instituciones que lo protegen, no podría haber copyleft.

El comunismo de riesgo requiere que esta misma libertad se extienda a los activos productivos materiales. El vehículo para establecer control sobre los activos productivos es la compañía. El comunismo de riesgo se basa entonces en una forma corporativa: la comuna de riesgo. Emplear una comuna de riesgo para compartir propiedad material secuestra el aparato existente que refuerza el privilegio para proteger un patrimonio común de activos productivos disponibles para el uso de productores independientes.

Legalmente, la comuna de riesgo es una compañía, muy similar a los fondos de capital de riesgo de la clase capitalista. No obstante, la comuna de riesgo posee propiedades distintas que la transforman en un vehículo efectivo para la lucha revolucionaria de los trabajadores. La comuna de riesgo posee todos los activos productivos que hacen al patrimonio común empleado por una red diversa y distribuida geográficamente de pares productores colectivos e independientes. La comuna de riesgo no coordina la producción; una comunidad de pares productores produce de acuerdo a sus propias necesidades y deseos. El rol de la comuna es administrar el patrimonio común, haciendo que la propiedad, como el alojamiento y las herramientas requeridas, estén disponibles para los pares productores.

La comuna de riesgo es la federación de colectivos de trabajadores y de trabajadores individuales y es en sí misma propiedad de cada uno de ellos, donde cada miembro posee sólo una acción. En el caso de los trabajadores que trabajen en un colectivo o cooperativa, la propiedad se posee individualmente, por cada persona que forme ese colectivo o cooperativa. La propiedad en una comuna de riesgo sólo puede ser adquirida por contribuciones de trabajo, no de propiedad. Sólo mediante el trabajo se gana una acción de la comuna, no por la contribución de tierra, capital o dinero; sólo de trabajo. La propiedad siempre se posee en común por todos los miembros de la comuna y la comuna de riesgo es poseída en partes iguales por todos sus miembros. Así, cada miembro no podría nunca acumular una parte desproporcionada de lo recaudado por la propiedad. La propiedad no puede concentrarse en pocas manos.

La función de la comuna de riesgo es adquirir los activos materiales que sus miembros necesitan para vivir y trabajar, como el equipamiento y las herramientas y asignarlas a esos miembros. La comuna adquiere estos bienes cuando uno de los miembros lo requiere. Los miembros interesados en utilizar esa propiedad ofrecen un acuerdo de renta a la comuna, dando los términos que deseen para tomar posesión de los bienes. La comuna emite una serie de bonos para juntar los fondos necesarios para la adquisición, que entonces se vuelve colateral a los bonistas. El acuerdo de renta se ofrece como una garantía de que los fondos estarán disponibles para amortizar los bonos.

Si esta garantía no se cumple, la propiedad puede liquidarse a favor de los bonistas. Esta serie de bonos se venden en una subasta pública. Si la venta se realiza, la comuna adquiere la propiedad y el acuerdo de renta se ejecuta transfiriendo la posesión al arrendador. La propiedad retorna a la comuna en cuanto los arrendadores dejen de necesitarla o sean incapaces de cumplir con los términos acordados, momento en el que la comuna lo ofrece otra vez en subasta a sus miembros, quienes a su vez ofertan por términos de renta nuevos. Si no existiera demanda por el activo, se liquida. Después de que los bonos que fueron emitidos para adquirir un activo se cancelan completamente, se vuelve propiedad de la comuna.

El ingreso restante de la renta que la propiedad gana se divide en partes iguales entre todos los miembros de la comuna y se les paga. Las ganancias de la liquidación de la propiedad se dividen del mismo modo. Dado que la renta recolectada por la renta de la propiedad se divide igualmente entre los miembros de la comuna, aquellos miembros que pagan renta por una propiedad recibirán igual monto de vuelta, esencialmente usan una parte igual de la propiedad colectiva gratis. Lo que pagan en renta por la propiedad es igual a la renta que reciben como miembros de la comuna. Los miembros que alquilan por sobre su parte per-cápita de la propiedad colectiva pagarán más y presumiblemente elegirán pagar porque están empleando la propiedad como un activo productivo y por lo tanto, ganando lo suficiente para pagar.

En cambio, los miembros que utilicen menos que su parte per-cápita reciben más en pago de lo que pagan en renta, es decir se les premia por no acumular propiedad. Las actividades principales de la comuna de riesgo: administrar bonos y acuerdos de renta, no imponen un gran nivel de coordinación y como las redes informáticas que administran la asignación de bienes inmateriales, son actividades muy bien dispuestas para la automatización computarizada. Podrían existir muchas comunas de riesgo y comunidades más estables y sostenibles de productores basados en los comunes.

Cualquier cambio que puede producir una sociedad más equitativa depende de un cambio previo en el modo de producción que incrementa la parte de la riqueza retenida por los trabajadores. El cambio en el modo de producción debe ocurrir primero. Este cambio no puede alcanzarse políticamente, por voto, lobby, militancia o violencia revolucionaria. No mientras los dueños de la propiedad tengan más riqueza para usar en prevenir cualquier cambio financiando a sus propios candidatos, lobbistas, militantes y en última instancia, desarrollando una mayor capacidad para la violencia contrarrevolucionaria. La sociedad no puede cambiarse por una huelga, no mientras los dueños de la propiedad tengan más riqueza acumulada para sostenerse durante las interrupciones de la producción. Ni siquiera la negociación colectiva puede funcionar, dado que como los dueños de la propiedad poseen el producto, establecen su precio y por lo tanto cualquier ganancia en salarios se pierde en el aumento de precios.

El comunismo de riesgo no debe entenderse como una propuesta para una nueva forma de sociedad. Es una forma organizacional para la lucha social. Las comunas de riesgo no intentan reemplazar los sindicatos, los partidos políticos, ONGs ni otros vehículos potenciales para el conflicto de clase. Sino, complementarlos para inclinar la balanza económica en favor de los representantes de los intereses de clase de los trabajadores. Sin el comunismo de riesgo, estas otras formas organizadas están forzadas a trabajar siempre en oposición a bolsillos mucho más profundos y por lo tanto condenadas a cooptación, fracaso y retroceso infinitos. La única forma es detener la aplicación de nuestro trabajo a la propiedad privada de los no-productores y en cambio formar un patrimonio común de activos productivos.

El comunismo de riesgo significa tomar el control de nuestro propio proceso productivo, reteniendo el producto completo de nuestro trabajo, formando nuestro propio capital y expandiéndonos hasta que hayamos acumulado colectivamente la riqueza suficiente para alcanzar una mayor influencia social de la que poseen aquellos que defienden la explotación. Este nuevo balance económico permite un cambio que es mucho más grande que los modestos objetivos del comunismo de riesgo. Una sociedad verdaderamente libre no tendrá necesidad del copyleft o del comunismo de riesgo; estas son solo prácticas con las que los trabajadores pueden unirse hacia la realización de su rol histórico en la construcción de una sociedad sin clases, una sociedad de iguales.

¡Trabajadores del mundo uníos! No tienen nada que perder salvo sus cadenas. Tienen un mundo por ganar.

Bibliografía


  1. El “Paquete de Reformas de Telecomunicadoras” fue presentado por Viviane Reding al Parlamento Europeo en Estrasburgo el 13 de noviembre de 2007. Apunta a cambiar las Reglas de las Telecomunicadoras europeas de 2002. Su objetivo es unificar el mercado de telecomunicaciones europeo para los 27 miembros. Ver http://europa.eu/rapid/press-release_IP-07-1677_es.htm↩︎

Revisiones

ahora se llaman 0-1
— fauno, 14 Apr 2016

toc!
— fauno, 07 Sep 2014

Cambios de formato
— mauricio, 15 Dec 2013

El comunismo de pares corregido
— fauno, 17 Jul 2013

Incluir tapas #5
— fauno, 17 Jul 2013

Un poco de #19...
— fauno, 16 Jul 2013

sobraba un espacio
— mauricio, 22 Mar 2012

Publicada EDSL1
— fauno, 25 Nov 2011