Desde Manhattan, habla el editor y escritor Robert Roth

Desde Manhattan, habla el editor y escritor Robert Roth

Por Luis Benítez
(Entrevista y traducción)
foto: Bill Cofone

Robert Roth nació en Nueva York en 1943 y es el coeditor de la revista And Then, una de las publicaciones neoyorquinas más conocidas entre las especializadas en letras, artes plásticas, movimientos sociales y actualidad. En esta entrevista Roth responde a varios interrogantes respecto de su actividad y asimismo se refiere a su reciente libro, titulado Health Proxy (Yuganta Press, Stamford, Connecticut., EE.UU., 2007), donde ofrece el relato directo de su encuentro con diferentes tipos humanos, residentes en la Gran Manzana; una interesante recopilación de apuntes sobre la desesperación, la enfermedad, el dolor y la esperanza en el mundo contemporáneo.

LUIS BENÍTEZ: ¿Qué puede decirnos sobre la labor de su revista, And Then?
—ROBERT ROTH: Este es un tiempo particularmente duro para mí y para la revista. Mi más cercano, querido y viejo amigo, Arnie Sachar –quien coeditó la revista conmigo durante 22 años- falleció el pasado septiembre. Comenzamos la publicación en 1987, con Shelley Haven y Marguerite Bunyan, trabajando los cuatro juntos, durante todos esos años. Shelley diseñó los primeros 13 números; Marguerite los dos últimos; ella se encargó de la edición desde el comienzo y Shelley todavía se encarga de la tapa. Ambas escribieron en la revista, además de brindarle su arte y relacionar a otras personas con la publicación- Mucha gente colaboró con nosotros durante estos años, pero ahora Arnie ya no está y resulta extremadamente doloroso para mí trabajar sin él; me siento incompleto y perdido en el océano. Nos telefoneábamos cinco o seis veces por día, cada día; ahora, cuando llegan nuevas colaboraciones, no puedo llamarlo para conocer su opinión. Si surge un problema, no puedo consultarlo; si nos felicitan por algo, no puedo decírselo. Ya no puedo consultarle el orden de publicación de los artículos ni conocer su criterio respecto de cuestiones políticas y sociales que nos plantean; tampoco puedo argumentar tan completa ni abiertamente como cuando contaba con él. Nadie como él para discutir y nadie como él a quien pueda volver loco con cada una de las cuestiones que afectan a la revista. Arnie poseía una profunda imaginación profética, una mente extremadamente activa y políticamente perspicaz. El gran pacifista y anarquista Igal Roodenko (1) dijo que todos somos instrumentos de una sola orquesta. La presencia de Arnie persiste y forma parte de cada uno de nosotros. Pero ya no puede estarlo en su plenitud. Su sitio en la orquesta está en silencio. Y la música que hago suena metálica y muy aislada, absolutamente inadecuada sin él. Otros amigos –como Mirna Nieves, Carletta Joy Walker y Ralph Nazareth- han colaborado enormemente con la revista, a través de los años, pero nunca tanto como ahora. Los tres están entre los más extraordinarios escritores que he leído y enriquecen la publicación. Estoy muy conmovido por todo lo que están ofreciendo y los quiero muy profundamente, pero no habría manera de imponerles la compulsiva –y subrayo, compulsiva- ida y vuelta de opiniones que desarrollábamos Arnie y yo.

—LB: Háblenos de la actividad de la revista, por favor...
—RR: Respecto de la revista en sí, And Then es una mezcla de prosa y poesía, arte, fragmentos y música. Siento que hay algo parecido a un campo resplandeciente de libertad dentro de sus páginas. Nunca sabes qué sorprendente aporte te dará alguien ni qué forma de expresión tendrá: esperas un ensayo, te encuentras con un poema; aguardas leer un poema, recibes una composición musical. La gente, casi siempre, nos aporta algo de particular interés para ella. Muy raramente aparece alguien con la actitud de: “Bueno, voy a darles algo de lo que simplemente tengo más a mano”. El consejo de lectura de la revista es serio, comprometido, responsable y, también, juguetón. La gente sabe que lo que hacen tendrá un impacto.

—LB: ¿Cómo son sus colaboradores?
—RR: Pertenecen a muy diversos lugares, diferentes culturas, diversos estados de la mente. El rango de edad va desde los 5 a los 94 años. En cierto sentido, pueden ser llamados multiculturales. Pero pienso, a veces, que sería más adecuado denominarlos “multi-anticulturales”. Muchas de las colaboraciones provienen de gente que está tratando de liberarse de la represión y la opresión de culturas donde han crecido o de las que todavía forman parte, y esto incluye casi a cualquiera sobre el planeta.

—LB: ¿Cómo fue el comienzo de la revista?
—RR: Antes de comenzar, le dije a Arnie que, más allá de lo que hiciésemos, la gente diría que la revista era despareja, que tal artículo sería apreciado como una secuela de otro y tal otro sí entendido como original; que la gente es compulsivamente crítica y generosa al mismo tiempo; que no habría forma de protegerse contra la negatividad. Déjennos disfrutar de lo positivo y dejen que las fichas caigan donde sea. Así que, con los años, la gente ha dicho que la revista es desigual, pero siempre por razones diferentes Y no ha habido nada parecido a un consenso sobre ninguna de sus partes. Cada número de la revista adquiere una vida propia y es sólo al comenzar a ponerlas en un orden que tenemos una idea de lo que hemos conseguido. Corrientes múltiples pasaron a través de cada número de la revista. El volumen 1 fue, en parte, una especie de manifiesto. Muchos de los textos conforman una crítica interna de los movimientos sociales radicales (2). La revista apareció en escena: no era confusa y podía ser leída por todos, lo que resultó una sorpresa.

—LB:  ¿Cómo lograron editarla?
—RR: Alguien tenía acceso a una máquina de composición tipográfica, en el seno de una gran corporación: Somos una revista underground (3), después de todo. Así que, durante un período, un montón de gente -los fines de semana y en la noche- se colaba en el edificio de esa gran corporación para tipiar sus artículos y los de otros. En cierto momento, la paranoia de ser descubiertos nos retrasó casi a paso de tortuga y pensábamos que nunca terminaríamos con esa parte de la edición. A veces yo me preguntaba qué pasaría si alguien apretaba el botón equivocado y todo este material de una revista radical terminaba siendo parte del informe anual de esa corporación... Además de tener este acceso a una máquina de composición tipográfica, otro amigo, Joel Cohen, que es impresor, se ofreció a imprimir hasta la cubierta de forma gratuita. Así resultó más barato para nosotros tener la composición tipográfica de las revistas profesionales y una cubierta muy bien impresa, que hacer nuestra publicación de otra manera. La primera edición fue, en cierto modo, la más dolorosa, aunque cada edición ha tenido sus serios problemas. Mi comunicación con los demás estaba totalmente mal: demasiadas personas entendían mal las cosas y se olvidaban de aquello que creía yo que habían entendido. Y viceversa. Era claro que yo estaba haciendo algo del modo equivocado. Cada una de esas personas estaba haciendo todo absolutamente gratis, donando su tiempo, su energía y su entusiasmo. Sin embargo, teníamos que hacer el trabajo como si fuera un trabajo remunerado. Cualquier error en el desempeño de alguien podría arruinar toda la experiencia de esa persona.

—LB: Después del fenómeno de la aparición de Internet, muchas revistas que primero se imprimían en papel, se pasaron al formato virtual. ¿Por qué ustedes insisten en el formato impreso?
—RR: Hay muchas buenas razones para publicar online. Y un día lo haremos. Por ahora, seguimos haciendo lo que siempre hicimos. Por otra parte, me gusta cómo se ve y se siente la revista en su formato de papel. Cuando estuve en Argentina, en 1992, usted me presentó a muchos poetas, quienes me obsequiaron sus libros. Los libros de estos poetas argentinos eran hermosos y daban ganas de tenerlos. Me los traje conmigo a Nueva York y me encanta como se ven y cómo los siento en mi mano. Lo mismo me sucede con And Then: me encanta observar cómo la gente se siente cuando tiene en sus manos un nuevo número. El suspiro de agradecimiento por el hermoso trabajo de diseño gráfico que Margarita y Shelley han hecho. Pero lo que más me gusta es entregárselo en mano a un colaborador, cuando el número incluye un trabajo suyo; por eso solo, ya vale la pena todo el trabajo que lleva cada edición.

—LB: ¿Cómo se sienten ustedes, en conjunto, con cada aparición de And Then?
—RR: Cuando la revista sale de la imprenta, organizamos una reunión en mi departamento (4) para aquellos colaboradores que pueden venir a recoger sus ejemplares. Es realmente un gran momento, viendo cómo se conocen unos a otros los colaboradores, mientras se celebra la aparición del nuevo número y, esperanzadamente, varios compran ejemplares extra. Un mes después, realizamos una gran fiesta... claro que también podríamos organizar una gran fiesta si hiciésemos una revista virtual: la gente podría hacer lecturas, tal vez habría una habitación llena de equipos portátiles abriendo la misma página... Pero es una sensación embriagadora ver una habitación llena de personas que tienen la revista en sus manos, mostrando sus trabajos y leyendo los de otros, y en algunos casos, yendo por todo el departamento para solicitar autógrafos. Siempre esperamos que la gente compre los ejemplares, para que la revista pueda volver a salir y mi casa no se convierta en un almacén de ediciones anteriores de And Then. Es más difícil vender ahora. Así que veremos qué pasa.

—LB: ¿Qué cambios tuvo And Then desde que comenzó a ser publicada?
—RR: Uno de los cambios es que muchos de los colaboradores se toman mucho más tiempo que antes –hace 23 años- para subir las escaleras de mi edificio cuando vienen a recoger a sus revistas. La última vez fue casi cómica. Yo vivo en el tercer piso. Me gusta oír la respiración pesada y los débiles movimientos que vienen de abajo. Esperé en la parte superior de la escalera -a veces durante bastante tiempo- para saludar a todo aquel que llegaba. Siempre me respondieron con una sonrisa de agotamiento cuando finalmente llegaron. Cuando empezamos con And Then, la gente podía estar ya a la puerta, incluso antes de que la hubiese abierto... Ahora, muchos de los contribuyentes tienen 60, 70 y 80 años de edad. Observando quiénes escribían para la revista, Arnie y yo podríamos haber hecho nuestro propio estudio demográfico. Algunas de las categorías fueron bastante obvias, pero otras no tanto. Lo intentamos una y otra vez. Es muy fácil caer en patrones generales, de los que eres completamente inconsciente. Queríamos una variedad tan grande de colaboradores como fuera posible. La variedad en la edad, por supuesto, era una de nuestras búsquedas, y así el rango de edad entre nuestros colaboradores ha ido desde los 5 hasta los 94 años. Pero, a medida que la revista iba creciendo, no se producía el balance de edades que buscábamos, por lo que tuvimos que buscar conscientemente a más jóvenes para colaborar en ella. La diversidad de raza y género también fue un aspecto crucial para nuestro equipo de colaboradores. Pero hay otro aspecto no menos importante, relacionado con la calidad de autores éditos o inéditos en nuestro equipo. Hay muchos que son lo uno o lo otro, y cada uno es muy importante para nosotros. Una vez escribí un trabajo –que sólo le mostré a unas cinco personas- referido al componente demográfico de la revista y la gente que colabora en ella; titulado: And Then: La Ciudad / Un Estudio Demográfico. Esta es un área donde es muy importante estar obsesivamente atento porque, si no lo estás, aspectos muy perniciosos de la sociedad serán replicados casi inmediatamente, sin que te des cuenta de ello. Otro cambio importante fue que se incrementó el porcentaje de contribuciones de artes plásticas en cada número, desde aquel inicio. Esto causó un profundo impacto en la revista y su alcance. Asimismo, a partir del segundo volumen, casi cada edición ha incluido, cómo mínimo, un trabajo musical.

—LB: ¿Qué tipo de colaboraciones buscan ustedes?
—RR: Uno de los factores que nos pone nerviosos es la fijación de la atención de la gente respecto de qué clase de artículos buscamos. Ciertamente no existe aquello que podría llamarse “un tipo de colaboración determinado” para And Then. Ello significa que si alguien quiere colaborar con un serio análisis científico respecto de la composición de una hoja, será tan bienvenido como cualquier otro colaborador. Del mismo modo, si aporta un artículo académico.Existe el peligro de que la gente encasille la revista y diga “aquí es donde puedo expresar mis sentimientos profundos”. No es que no queramos que la gente haga eso; lo que no deseamos es que haga solamente eso. Respecto de los temas encarados, Arnie y yo tuvimos siempre un punto de vista político muy definido, tal vez excesivamente definido, a menudo -aunque no siempre explícitamente- reflejado en aquello que escribimos, pero los colaboradores proceden de un amplio espectro de opiniones, con una sección transversal cada vez más amplia de perspectivas. Y sobre esto último, algunos tienen actitudes sociales y políticas muy diferentes de las nuestras. Arnie y yo tuvimos que luchar contra nuestra rigidez ideológica, para responder adecuadamente a muchos de los artículos que los colaboradores nos presentaron. Afortunadamente, mientras nuestras posiciones fueron casi idénticas, nuestras rigideces no y pudimos sosegarnos el uno al otro. Algo que he apreciado es que nadie nos propuso conscientemente publicar un trabajo sabiendo previamente que no nos gustaría. Esto sucede particularmente así con algunos amigos cuyos criterios políticos difieren mucho de los nuestros. Ellos simplemente han evitado proponernos esos artículos, que canalizan a través de otras publicaciones. Una vez sucedió lo contrario, pero ese amigo –creo yo que como un acto de amor y bondad- finalmente retiró su artículo. Nosotros no queremos rechazar nada de nadie. Respecto del tiempo para contestar a favor o no... no existe un plazo estricto, sólo una básica guía de indicaciones sobre el material a publicar. Si hubiese algo para evaluar que nos fuera entregado muy descuidadamente, por ejemplo, lo señalaríamos. Sin embargo, eso nunca sucedió. Una vez que le pedimos a alguien que escriba para nosotros, estamos obligados a imprimir lo que nos acerque. Ese es el riesgo que hemos tomado. Si lo rechazamos, sería muy difícil pedirle después que escriba de nuevo para nosotros.

—LB: ¿Qué hay de tratar de conseguir una beca o subsidio?
—RR: No queremos una subvención. No queremos al Estado o una organización privada poniendo su marca en cualquier cosa que hagamos. De ninguna manera queremos formar parte de eso. Y en el caso del gobierno o de cualquier otra poderosa corporación, no queremos recibir el sello de aprobación de las mismas instituciones a las que cuestionamos. Esto es dicho sin establecer ningún juicio acerca de cómo alguien más puede hacer frente a esta cuestión. Así que nadie de los que participan en la revista -incluidos los correctores de pruebas, los escritores, artistas y compositores- recibe paga por su trabajo. Por una decisión política, ética, moral, otras personas están pagando un precio. Y esto constituye una forma de explotación. En verdad, el dinero que obtendríamos de una subvención -en el supuesto de que pudiésemos conseguir una- probablemente sería muy pequeño y cualquier pago sería más simbólico que otra cosa. Pero sería algo. Y cualquier cosa podría ser mucho para alguien. Pero si esto fuera una subvención por la que realmente pudiésemos pagarle algo a los colaboradores, entonces la decisión de no pedir un subsidio sería más grave. Aunque el precio de conseguir una subvención es demasiado para mí. Preferiría no publicar.

—LB: ¿Cuál es el futuro de And Then?
—RR: ¡Nuevamente, And Then!

—LB: Usted publicó un libro titulado Health Proxy (5). ¿Qué puede decirnos sobre él?
—RR: Al escribirlo estaba dentro de él. No pensé en él como un libro. Era un mundo al que yo estaba entrando en cada día. Un mundo doloroso. Un mundo interesante. Un mundo hermoso. Yo no tenía ninguna expectativa o deseo de que se publicara. De hecho, pensé que era un trabajo en el que casi nadie estaría interesado, que ningún editor lo publicaría. Así que seguí escribiendo, totalmente perdido dentro de la creación del libro. De vez en cuando leía una sección a un amigo o en una lectura pública. En la presentación del libro de un amigo conocí a Ralph Nazareth, quien sería el editor del libro. Él con su esposa, Linda Nazareth, fundó la editorial Yuganta Press. Más tarde supe que ese sello comenzó a editar libros aproximadamente en la misma época en que empezó a editarse And Then. Poco después de conocernos, Ralph y yo di un largo paseo por el bosque cerca de su casa y él me dijo que la misión de su editorial era reflejar el movimiento entre los mundos; mi libro, Health Proxy, ciertamente no cayó dentro de esa categoría. Fue un gran alivio. Porque aquella parte de mí que lo veía como un editor potencial del libro desapareció de inmediato. Ello permitió que nuestra amistad tuviese un espacio aun más libre para crecer. Nos encantó leer el trabajo de ida y de vuelta entre nosotros. El leía algo, entonces yo decía algo a cambio. Me gustaba leer las secciones de Health Proxy. En algún momento, él preguntó si Yuganta podía publicarlo como un libro. Como he dicho antes, hasta entonces yo estaba escribiendo mi libro, perdido en él. No tenía un propósito definido, era un mundo al que ingresaba. A partir de la propuesta de editarlo, tuvo un propósito. Tenía que terminar de escribirlo hasta el último párrafo. Aquello, hasta entonces, era como una imagen a la distancia o un espejismo. Y esa imagen estaba casi siempre a la misma distancia desde la última vez que me había sentado a escribir. Ahora tenía que llenar ese espacio, completar la obra y convertirla en un libro. Fue un proceso muy interesante. Fui de un estado de ánimo al otro. Y terminé el libro. Estoy muy agradecido a Ralph por la oportunidad. Fue muy gratificante y muy importante para mí que el libro tuviese una difusión pública, que dos personas como Ralph y Linda estuvieran detrás de él, y que Yuganta Press, un espíritu afín a And Then, fuera la editora. Pero, al mismo tiempo, me fui de un lugar de espectacular belleza, un lugar fuera del mundo real, un espacio creativo en el que no estaba solo. Escribir también me conectaba con la gente a través del tiempo y el espacio que estaba explorando, creando, buscando. Y me importaba muy poco si escasas personas podían acceder a lo que yo estaba escribiendo. Yo iba hacia el espíritu creativo que existe en todas partes y en todo momento. Desde que cambié de marcha, haciendo el trabajo que convirtió a Health Proxy en un libro, no he podido volver a entrar en el espacio de la creación en que me encontraba antes. De manera que algo muy importante se obtuvo y, con suerte sólo temporalmente, algo muy importante fue también lo que se perdió. No hubo absolutamente ninguna presión por parte de Ralph para hacer ningún cambio. Él hizo sólo algunas sugerencias, todas muy atinadas, entre ellas una muy importante, que hizo al libro infinitamente mejor.

—LB: ¿Cuál fue la idea al escribir Health Proxy?
—RR: Es muy difícil para mí hablar sobre mi propio trabajo. Algunas personas lo consideran una novela, otros, como un libro de memorias. Me incomodaba, inicialmente, cuando la gente hacía eso. Sentía que estaban luchando conmigo, intentando ganar control sobre el libro, a través de una definición, un encuadramiento. La expresión “libro de memorias” me molesta aun más que la de “novela”, constituye una noción vaga, indefinida, de lo que es. Pensé que aquello era realmente una cosa propia de la gente. Ralph, en su introducción, lo calificó como un "collage dinámico de la conciencia." Sentí que era una especie de extensa meditación sobre la muerte, el dolor, el deseo y el amor. Se trata de personas de las culturas alternativas, tanto política como artísticamente, tratando de abrirse camino en el mundo. Se trata de un montón de otras cosas también. La gente escribió comentarios interesantes y ensayos sobre el libro. Todo el mundo se centra en las distintas dimensiones del libro Health proxy. A veces tenía que leer los ensayos un buen número de veces. Ellos me ayudaron a comprender lo que había escrito. Los ensayos me dieron una gran satisfacción. Cuando estaba escribiendo Health Proxy estaba tratando de hacerlo de una manera que creara un espacio abierto, desde donde la imaginación del lector pudiera salir volando hacia alguna dirección y crear una obra paralela a la que estaba leyendo. Creo que esto sucedió con cierto número de lectores.

—LB: Opina el editor sobre las razones para publicar el libro de Robert Roth
—RR: “Mi esposa y yo fundamos Yuganta Press –expresa Ralph Nazareth- bajo el impulso de publicar a los escritores de nuestro círculo inmediato, con un criterio inconformista, interesado en dar voz a escritores extraordinarios que eran demasiado serios y talentosos y/o demasiado modestos para resultar de interés para las grandes editoriales. Se recogieron los escritores como quien junta las monedas -abolladas pero preciosas- que va encontrando accidentalmente por el camino. Al mismo tiempo, ya que había demasiados escritores de mérito que nos rodeaban, decidimos definir nuestra empresa de una manera que nos diera un significativo -aunque en última instancia, arbitrario- modo de elegir los manuscritos: nos propusimos buscar a aquellos escritores cuyo trabajo reflejara un movimiento entre los mundos. Esto sucedió durante el tiempo en que el multiculturalismo (6) estaba convirtiéndose en un imperativo ideológico. Como fundamos la editorial en una época –a mediados o finales de los 80- en que sentíamos miedo de un cataclismo nuclear originado en la lucha entre las superpotencias, impulsada por la insana doctrina de la destrucción mutua asegurada (MAD) (7), sentimos que debíamos buscar aquello que, escrito, estuviera a tono y conectado a un nivel profundo con la médula misma de nuestra apocalíptica imaginación cultural. Pensando en ello, decidimos llamar a nuestra editorial Yuganta, el término sánscrito que designa el final de una época. Cuando conocí a Robert Roth, Yuganta Press llevaba ya publicada una docena de libros y nuestro criterio de selección de manuscritos para publicar había evolucionado hasta el punto que estábamos abiertos a la escritura que fuera atrevida y dinámica, que se paseara impaciente en los márgenes de la sociedad y comprometida con un profundo sentido del término de las cosas. Los capítulos de Health Proxy que Robert periódicamente me leía por teléfono, conformaron, con el tiempo, una masa crítica en mi mente y poco a poco me di cuenta de que su escritura estaba muy en línea con lo impulsado por Yuganta, involucrado en una danse macabre (8) sostenida, en la que una incontenible pasión por el amor y la vida sirvió para aumentar la tristeza y la sensación de fatalidad en el corazón de nuestro tiempo, desentrañado ante nuestros ojos. A título personal –aunque experiencias tan diferentes fueron las de Robert respecto de las mías- sentí que los dos estábamos contemplando la misma visión, donde la esperanza y la desesperación, la inocencia y la experiencia, la meditación y el juego se volvieron una simbiosis. Secretamente, la publicación de su libro fue para mí una manera de hablar a través de mi otro yo. Evidentemente, Health Proxy resultó ser mucho más, algo que habla para una gran cantidad de personas, generando en ellas una gama de experiencias dispares, gente que ha leído y respondido a ello. Esto es para mí, como editor, un motivo de gran satisfacción." Health Proxy puede adquirirse a través de www.yuganta.com y también mediante Amazon

—LB: Cómo escribe Robert Roth
—RR: El siguiente es un fragmento de Health Proxy (págs. 42-43).

“Camino por el día. Camino por el año. Cada día, cada año, se mezcla con el siguiente. Me levanto de la cama. Quiero dar un paseo. Pierdo mi trabajo. Y, sin embargo si me concentro, yo comprendo que mi barrio ha pasado por cambios profundos. Hace años, cuando vivía en el Lower East Side (9), quería mostrar a mis padres el barrio. Donde yo veía una tienda, mi padre veía una sinagoga.
Caminando por ciertas calles de Greenwich Village es imposible no comprender qué tan profundos han sido los cambios. Y, por supuesto, cada persona tiene un entorno diferente, una relación diferente con las tiendas, los restaurantes, la gente. Pero los cambios aquí han sido profundos. Cuando me mudé aquí, era un barrio gay llena de energía. De energía sexual. De energía política. Pero vino el SIDA y diezmó esa energía.

Gente que yo no conocía y que tal vez casi nunca vi, fue el telón de fondo de mi conciencia sobre el barrio. Un día me daría cuenta de que alguien a quien difícilmente había visto alguna vez, ya no estaba a la vista. Durante dos, tres años, aparecieron cartelitos en los postes de luz y en los costados de los edificios, anunciando un servicio en memoria de alguien que había muerto.”

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(1) Nota del traductor: Igal Roodenko (1917-1991) fue un conocido activista estadounidense por los derechos civiles y la oposición a la guerra. Fue arrestado por primera vez en 1947, por violar deliberadamente la ley segregacionista del estado de Carolina del Norte, que prohibía que las personas de diferente raza viajaran juntas en los medios de transporte. Por dicho “crimen”, Roodenko fue condenado a tres meses de trabajos forzados, encadenado. En 1979 recibió el War Resisters League Peace Award (Premio de la Paz de la Liga de Opositores a la Guerra) por su destacada trayectoria en defensa de los derechos humanos y el pacifismo.
(2) N. del Trad.: En inglés, “radical social movements”: corresponde a nuestra denominación de movimientos políticos de izquierda.
(3) N. del Trad.: Prefiero conservar el término en su inglés original, porque no tenemos un equivalente muy adecuado en español (“subterránea”, se decía, por ejemplo, en Argentina) y el término en inglés, referido a cierto tipo de publicaciones, está lo suficientemente difundido como para que el lector comprenda adecuadamente su significado.
(4) N. del Trad.: Robert Roth vive, desde hace muchos años, en el centro mismo del conocido barrio Greenwich Village, al suroeste de Manhattan, donde se encuentran numerosas galerías de arte y centros culturales. El movimiento norteamericano por la liberación gay dio comienzo en este barrio, con los disturbios y las manifestaciones de protesta tras una violenta redada policial en el pub Stonewall Inn, el 28 de junio de 1969. Las famosas Marchas por el Orgullo Gay se realizan conmemorando aquellos primeros alzamientos contra la discriminación sexual, conocidos como “los Disturbios de Stonewall”.
(5) N. del Trad.: Primera edición publicada en 2007 por Yuganta Press, Stamford CT, EE.UU. ISBN 978-0-938999-23-0, 150 págs, rústica, en inglés.
(6) N. del Trad.: El término multiculturalismo alude aquí a una teoría que tiene por objetivo comprender las bases culturales de cada una de las naciones caracterizadas por la diversidad de su espectro cultural. Como tal, esta teoría originó políticas antidiscriminatorias, favorables a la expresión de las características de las diferentes culturas, y comunitarias, tendientes a la coexistencia de éstas en el mismo contexto social, en igualdad de condiciones para su desarrollo social, económico y político, según sus tradiciones étnicas, religiosas e ideológicas. Se fija su origen en la década de los 70, en las universidades de los EE.UU., aunque diversos autores niegan este hecho y otros critican, desde distintos puntos de vista, buena parte de las afirmaciones y las consecuencias del multiculturalismo.
(7) N. del Trad.: Mutual Assured Destruction (MAD, según sus siglas en inglés) es una doctrina originada en la Guerra Fría (1940 a 1990), referida a la estrategia y la política de seguridad nacional y basada en la teoría de la disuasión, según la cual el empleo de armamento nuclear es esencial para amedrentar al bando enemigo y evitar que use el suyo. El empleo de este tipo de armas de destrucción masiva por parte de los dos bandos antagónicos daría por resultado la destrucción de ambos. Llamativamente, la palabra “mad”, en inglés, significa “demente”.
(8) N. del Trad.: “danza macabra”, en francés en el original.
(9) N. del Trad.: El Lower East End es un barrio de Manhattan que limita por su lado noroeste con el Village; era conocido como un barrio de la clase trabajadora, donde se asentaron primeramente los judíos emigrados de Europa oriental, luego los inmigrantes de América latina y también asiáticos provenientes de la cercana Chinatown.




Desde Manhattan, habla el editor y escritor Robert Roth

Luis Benítez, escritor, dramaturgo y poeta argentino, Luis Benítez es miembro de numerosas instituciones y academias dedicadas a la cultura y la difusión de la literatura. A lo largo de su carrera ha ganado importantes premios, tanto en Argentina como en el resto de Latinoamérica y en Europa. Su obra ha sido traducida a más de cinco idiomas. Nota biográfica completa E-mail: lben20032003@yahoo.com.ar

La entrevista publicada en "Herederos del Kaos" fue proporcionada por el autor de la misma, quien se reserva todos los derechos de reproducción.


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